23° aniversario del Acta de Reparación Histórica a Formosa: la firma que cambió para siempre el destino de la provincia

A 23 años de la firma del Acta de Reparación Histórica impulsada por Néstor Kirchner y Gildo Insfrán, Formosa vuelve a recordar la decisión política que transformó para siempre a la provincia. Obras, desarrollo, federalismo y un fuerte contraste con el actual modelo de ajuste y paralización de la obra pública impulsado por Javier Milei.

POLITICA INTERIOR

Por Julián Pereyra

5/28/20265 min read

Hay fechas que no son solamente aniversarios políticos. Hay momentos que terminan marcando un antes y un después en la historia profunda de un pueblo. Y para Formosa, el 28 de mayo de 2003 representa exactamente eso: el día en que, después de décadas de olvido, aislamiento y postergación, un presidente de la Nación decidió mirar hacia el norte argentino y reconocer una deuda histórica que nadie antes había querido saldar.

Hoy se cumplen 23 años de la firma del Acta de Reparación Histórica entre el entonces presidente Néstor Kirchner y el gobernador Gildo Insfran. Apenas tres días después de asumir, Kirchner aterrizaba en Formosa para rubricar un acuerdo que cambiaría para siempre el destino de la provincia. Mientras gran parte del poder político argentino seguía mirando únicamente hacia Buenos Aires, el nuevo presidente entendió algo elemental pero profundamente revolucionario para la lógica centralista argentina: también había patria más allá de la General Paz.

Y no fue un gesto menor. No fue marketing político. No fue una foto vacía. Fue una decisión concreta de reparación federal.

Porque durante décadas Formosa había quedado prácticamente fuera del mapa del desarrollo nacional. Rutas destruidas o inexistentes, pueblos aislados, enormes dificultades de conectividad, falta de infraestructura básica, ausencia de inversiones estratégicas y un abandono sistemático por parte de gobiernos nacionales que jamás entendieron —o jamás quisieron entender— las necesidades del norte argentino.

La firma del Acta de Reparación Histórica vino justamente a reconocer esa deuda acumulada durante años de centralismo feroz.

Por eso reducir aquel acuerdo a un simple convenio administrativo sería una enorme injusticia histórica. La Reparación Histórica fue mucho más que un paquete de obras públicas. Fue una decisión política de justicia territorial. Una reivindicación concreta del federalismo. Una manera de decir que los formoseños también tenían derecho a vivir mejor, a desarrollarse y a formar parte del futuro argentino.

Y las consecuencias de esa decisión todavía siguen visibles. Porque la Reparación Histórica no fue un relato: fueron rutas, escuelas, hospitales y dignidad.

Más de 2.600 kilómetros de rutas pavimentadas transformaron la conectividad provincial. Miles de kilómetros de redes eléctricas llegaron a zonas históricamente postergadas. Se expandió el acceso al agua potable. La fibra óptica y la conectividad digital comenzaron a integrar comunidades enteras que durante años permanecieron prácticamente aisladas. Se construyeron hospitales de alta complejidad, escuelas nuevas y se refaccionaron cientos de establecimientos educativos.

La infraestructura dejó de ser un privilegio concentrado en pocas zonas para convertirse en una herramienta de integración territorial. Por primera vez en mucho tiempo, un presidente miró hacia el norte argentino. Y eso cambió todo.

Porque Formosa dejó de ser aquella provincia olvidada del mapa para convertirse en una provincia que hoy pisa fuerte dentro del país. Una provincia moderna, organizada, con desarrollo energético, conectividad, infraestructura sanitaria, crecimiento educativo y capacidad para proyectarse hacia el futuro.

Por supuesto, eso incomoda a muchos.

Especialmente a sectores políticos y mediáticos que durante años construyeron discursos estigmatizantes sobre Formosa, intentando instalar una imagen distorsionada de la provincia mientras omiten deliberadamente el enorme crecimiento estructural que vivió en estas últimas dos décadas.

Muchos de los que hablan livianamente de “intervención” jamás explican cómo una provincia históricamente relegada logró semejante transformación territorial. Porque hacerlo implicaría reconocer algo que ciertos sectores del poder argentino detestan admitir: que el Estado, cuando existe decisión política, puede transformar realidades.

Y ahí aparece uno de los debates de fondo más importantes de la Argentina actual. Porque el modelo de desarrollo que impulsó la Reparación Histórica choca frontalmente con la lógica política y económica que hoy impulsa Javier Milei desde el Gobierno nacional.

Mientras aquel proceso apostaba a la inversión pública, al federalismo y a la integración territorial, hoy el país atraviesa un escenario marcado por la motosierra, el ajuste permanente y la paralización de la obra pública.

Las rutas se frenan. Las obras se abandonan. Los proyectos productivos se paralizan. Las provincias vuelven a quedar libradas a su suerte bajo una lógica financiera que mira números fiscales pero desconoce completamente las desigualdades estructurales del país real.

La mirada actual vuelve a concentrarse exclusivamente en el centro económico argentino mientras el interior profundo queda nuevamente relegado.

Y la pregunta inevitable aparece sola: ¿Cuántas de las obras que hoy sostienen el desarrollo de Formosa existirían bajo una lógica puramente de mercado? La respuesta es evidente.

Ninguna empresa privada iba a construir rutas en zonas históricamente aisladas sólo porque “el mercado lo demandaba”. Ninguna lógica financiera iba a priorizar hospitales o redes eléctricas en lugares donde la rentabilidad inmediata no existía.

Por eso el rol del Estado sigue siendo central cuando se habla de igualdad territorial y desarrollo federal.

No hay federalismo real sin inversión pública. No hay integración nacional posible si las provincias más alejadas quedan condenadas al abandono. Y justamente ahí radica una de las mayores diferencias entre dos modelos de país completamente opuestos.

Uno entiende que gobernar implica equilibrar desigualdades históricas y generar oportunidades donde durante años hubo abandono. El otro plantea que todo debe resolverse desde la lógica del mercado, incluso aunque eso implique profundizar las asimetrías existentes.

Mientras tanto, Formosa sigue avanzando.

La expansión tecnológica, el Polo Científico y Tecnológico, la conectividad digital y proyectos estratégicos como la planta Fermosa Biosiderúrgica muestran que aquella Reparación Histórica no quedó congelada en el tiempo, sino que continúa proyectándose hacia el futuro.

Porque las obras públicas no son solamente cemento. Son posibilidades. Son desarrollo. Son igualdad. Son soberanía.

Y en medio de este aniversario inevitablemente aparece también la figura de Néstor Kirchner. Su recuerdo. Su decisión política. Su manera de entender el país. Se extraña a un presidente que entendía que gobernar también era reparar injusticias históricas.

Se extraña una conducción política que entendía al federalismo no como un discurso vacío, sino como una obligación concreta. Néstor Kirchner no vino a Formosa a prometer: vino a cumplir.

Y muchos años después todavía quedan las rutas, las escuelas, los hospitales y las obras que nacieron de aquella decisión política tomada apenas tres días después de asumir la presidencia. El norte argentino dejó de sentirse invisible cuando un presidente decidió acordarse de él.

Quizás por eso el recuerdo de Kirchner sigue tan presente en gran parte del interior argentino. Porque hubo un momento donde las provincias dejaron de sentirse solas frente al poder central.

Y porque hubo una etapa donde el Estado volvió a funcionar como herramienta de integración nacional y no simplemente como una estructura a destruir.

A 23 años de aquella firma histórica, Formosa sigue mostrando las huellas concretas de una decisión política que cambió su destino. En tiempos donde la obra pública se paraliza y el ajuste vuelve a golpear al interior del país, el recuerdo de Néstor Kirchner aparece más vivo que nunca en la memoria de muchos formoseños.

Porque hubo un momento en que un presidente miró hacia el norte, entendió el abandono histórico y decidió que Formosa también merecía futuro.

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