Adorni en la cuerda floja: el gobierno busca evitar una sesión clave en el Senado
Las polémicas por su declaración jurada, las inconsistencias sobre su patrimonio y sus insólitas explicaciones televisivas dejaron a Manuel Adorni en una de las situaciones políticas más delicadas desde que asumió el gobierno de Javier Milei. Mientras crece la presión opositora para avanzar con una moción de censura en el Senado, La Libertad Avanza busca desesperadamente evitar la sesión y contener una crisis que ya genera incomodidad incluso entre aliados.
POLITICA NACIONAL
6/17/20265 min read


Durante meses, Manuel Adorni construyó buena parte de su imagen pública parado sobre un pedestal moral. Desde ahí repartía sermones diarios sobre la “casta”, los privilegios de la política, la corrupción ajena y la supuesta superioridad ética del nuevo gobierno. Pero la política argentina tiene una costumbre incómoda: tarde o temprano obliga a todos a rendir examen frente a sus propias palabras.
Y hoy el jefe de Gabinete atraviesa exactamente ese momento.
Las polémicas alrededor de su declaración jurada, las inconsistencias sobre su patrimonio, las operaciones inmobiliarias bajo sospecha pública y las explicaciones televisivas que dejaron más preguntas que respuestas terminaron convirtiendo a Adorni en un problema político de primera magnitud para el gobierno de Javier Milei. Tan grande es el problema que La Libertad Avanza ya no está concentrada únicamente en defenderlo públicamente: ahora directamente busca evitar que el Senado sesione para impedir que avance una moción de censura en su contra.
La situación es tan delicada que el oficialismo parece haber llegado a una conclusión incómoda: abrir el recinto puede convertirse en una trampa.
El gobierno que no quiere que el Congreso funcione
La escena política de las últimas horas tiene un nivel de ironía difícil de ignorar. Un gobierno que llegó prometiendo transparencia absoluta, republicanismo y fin de los privilegios ahora despliega maniobras parlamentarias contrarreloj para evitar que uno de sus principales funcionarios tenga que enfrentar una discusión política en el Senado.
La Libertad Avanza teme que, si habilita la sesión prevista para este jueves, la oposición consiga el quórum necesario para avanzar con la ofensiva contra Adorni. Y el problema para el oficialismo no es solamente el peronismo. Lo verdaderamente alarmante para Casa Rosada es que empiezan a aparecer grietas dentro de espacios aliados que hasta hace poco defendían al vocero presidencial casi sin fisuras.
Porque una cosa es repetir consignas en televisión. Otra muy distinta es quedar pegado a explicaciones que cada día resultan más difíciles de sostener políticamente.
El clima dentro del Senado se volvió tan incómodo para el oficialismo que las negociaciones ya entraron en modo emergencia. Llamados, reuniones, operadores recorriendo despachos y un objetivo central: impedir que el tema Adorni aterrice en el recinto.
No deja de ser curioso. El gobierno que prometía “terminar con los privilegios” hoy necesita evitar una sesión parlamentaria para proteger a uno de sus funcionarios más importantes.
De vocero anticasta a funcionario acorralado
La gran dificultad de Adorni no es únicamente judicial, administrativa o contable. El problema es político y simbólico. Durante años construyó un personaje público basado en la idea de honestidad absoluta frente a una dirigencia corrupta. El problema aparece cuando las explicaciones sobre el propio patrimonio empiezan a sonar más extravagantes que convincentes.
La entrevista televisiva que pretendía cerrar el escándalo terminó profundizándolo. Ahí apareció la historia de los ahorros acumulados durante años, las inversiones en Bitcoin, los errores en declaraciones juradas, el dinero no declarado oportunamente y una larga lista de justificaciones que dejaron una sensación extraña incluso entre sectores cercanos al gobierno.
Porque una cosa es admitir un error administrativo. Otra muy distinta es explicar movimientos patrimoniales millonarios apelando a relatos que parecen escritos por un guionista con exceso de creatividad. Y cuanto más intenta aclarar la situación, más se complica.
Las contradicciones entre declaraciones anteriores y las nuevas explicaciones abrieron un escenario políticamente tóxico. Sobre todo porque ocurren en un contexto económico donde millones de argentinos hacen cuentas para llegar a fin de mes mientras funcionarios nacionales deben explicar propiedades, viajes y patrimonios que generan fuertes cuestionamientos públicos.
Bullrich, la inesperada salvadora
Pero quizás el detalle más irónico de toda esta historia sea otro: Manuel Adorni hoy depende políticamente de Patricia Bullrich para intentar sobrevivir.
Sí, la misma Patricia Bullrich que semanas atrás lo cuestionaba públicamente por la demora en presentar su declaración jurada. La misma dirigente que dejaba trascender incomodidad por las inconsistencias patrimoniales y por el costo político que empezaba a generar el tema dentro del oficialismo.
Ahora es ella quien debe salir a negociar para evitar que el Senado se convierta en una pesadilla para el gobierno, muy a su pesar. La política argentina tiene estas vueltas extraordinarias. Adorni pasó de dar conferencias diarias explicando cómo funcionaba el país a necesitar desesperadamente operadores políticos que impidan que se vote una moción en su contra.
El problema ya no es la oposición
Durante mucho tiempo el gobierno intentó presentar el escándalo como un simple ataque político opositor. Pero esa estrategia empieza a mostrar límites evidentes.
El problema para Adorni es que las dudas ya no aparecen únicamente desde el peronismo. Sectores del PRO y parte del radicalismo comenzaron a tomar distancia. Algunos dirigentes incluso deslizan que la situación “no se sostiene” políticamente. Y ahí aparece otro punto sensible para el oficialismo: la sensación de desgaste.
Cada nueva explicación abre un nuevo interrogante. Cada intento de defensa genera más ruido. Cada maniobra para bloquear el avance parlamentario alimenta aún más el tema. La discusión dejó de girar solamente alrededor de cuestiones patrimoniales. Ahora el eje es otro: cómo un gobierno que llegó prometiendo superioridad moral termina obligado a desplegar mecanismos defensivos típicos de la vieja política que tanto criticaba.
Porque mientras se intentaba instalar la idea de un cambio cultural profundo, el escenario actual muestra negociaciones frenéticas, operadores buscando votos y maniobras para evitar sesiones incómodas.
La famosa “casta” parece haberse vuelto bastante útil cuando hay que apagar incendios propios.
Un desgaste que amenaza con crecer
El mayor temor del oficialismo es evidente: que el caso Adorni siga creciendo y termine convirtiéndose en un símbolo del deterioro político del gobierno. Por eso buscan ganar tiempo. Evitar sesiones. Dilatar debates. Enfriar el tema. Apostar al desgaste mediático.
Pero el problema es que las explicaciones dadas hasta ahora no lograron cerrar la discusión. Más bien ocurrió lo contrario. Y en política hay algo especialmente peligroso: cuando un funcionario empieza a transformarse en un problema constante para su propio espacio.
Hoy Adorni ya no es solamente el vocero filoso que confrontaba con periodistas o dirigentes opositores. Ahora es un dirigente cuya continuidad empieza a generar tensión interna, preocupación parlamentaria y costos políticos crecientes.
Y mientras el gobierno intenta contener la crisis, una pregunta empieza a crecer cada vez más fuerte dentro de la política argentina: ¿cuánto tiempo más puede sostenerse una situación así?
Porque el problema para La Libertad Avanza ya no es únicamente defender a Adorni. El verdadero problema es que cada intento de salvarlo parece hundir un poco más el relato con el que llegaron al poder.
