Coima-gate libertario: chats borrados, audios explosivos y la sombra de Karina Milei detrás de todo

El ‘Coima-gate’ libertario no para de crecer: Spagnuolo borró todos los chats con los Milei, los audios siguen saliendo y ahora aparecen los Kovalivker de la Suizo Argentina en el centro de la trama. La supuesta ‘superioridad moral’ se derrumba y deja a la vista un festival de coimas, negociados y mentiras con Karina Milei en el ojo del huracán.

POLITICA NACIONAL

Por Camila Domínguez

8/27/20253 min read

El escándalo libertario por las coimas parece no tener fin, y cada nuevo dato confirma que el relato de la pureza y la “superioridad moral” no era más que un disfraz barato para tapar la misma podredumbre de siempre. El último capítulo lo protagoniza Diego Spagnuolo, quien –según se supo– borró todos los chats con los Milei. Sí, todos. Como si de repente le hubiera agarrado un ataque de Marie Kondo digital, pero con la urgencia desesperada de alguien que tiene mucho, muchísimo, que ocultar. Y lo curioso es que, lejos de disipar sospechas, ese gesto las multiplica: ¿qué había en esos mensajes que no debía ver la luz? La respuesta es casi obvia: pruebas de que las coimas no eran un caso aislado, sino un engranaje más de un entramado que llega hasta la mismísima familia presidencial.

Mientras tanto, el caso de la Suizo Argentina y los Kovalivker sigue su curso, sumando otra capa de sospechas sobre cómo funcionaba la maquinaria de negocios turbios en torno a la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). Es la postal perfecta de este gobierno: empresarios amigos, funcionarios obedientes y la plata de los sectores más vulnerables puesta al servicio de un festival de coimas. Porque acá no estamos hablando de bolsas negras escondidas en conventos ni de bolsos voladores en el sur: estamos hablando de guita que debía ir a medicamentos, a tratamientos, a gente con discapacidad. La casta, versión libertaria, con manual de cinismo incluido.

Los audios de Spagnuolo siguen retumbando y sonoros. Ahí no hay metáforas ni especulaciones, hay frases crudas, directas, de alguien que reconoce que las firmas las pone él, pero “la plata se la quedan ellos”. “Ellos”: los Milei, los intocables, los que construyeron su poder con la fábula de que venían a barrer con los corruptos de la política tradicional. Y sin embargo, cada grabación que aparece los desnuda un poco más: se reparten favores, se hablan de retornos, de cajas paralelas, de porcentajes que nadie se atreve a blanquear en una planilla oficial.

Lo más repulsivo de todo es la hipocresía obscena con la que manejan este escándalo. Porque mientras Javier Milei llenaba horas de televisión acusando de “curros” a las universidades públicas y al Hospital Garrahan, él y su hermana Karina montaban su propio esquema mafioso. Señalaban con el dedo a los demás mientras con la otra mano contaban fajos. La indignación selectiva como forma de gobierno. El cinismo como doctrina.

Y por si algo faltaba, Milei nos regaló hace unos días un sincericidio antológico. En su eterna obsesión con “los K”, soltó: “están enojados porque les estamos afanando los choreos”. Sí, así, sin filtro, como quien confiesa en voz alta lo que en realidad se trataba de ocultar. Lo gracioso –o lo trágico– es que no fue un lapsus: fue la verdad escupida de golpe. Milei no dijo que vinieron a acabar con los robos, dijo que vinieron a quedarse con ellos. La honestidad brutal del saqueador que se ríe en tu cara.

Este gobierno se llenó la boca hablando de superioridad moral, de la batalla contra la casta, de que no todos son lo mismo. Y ahora resulta que son lo mismo, pero con menos disimulo y más soberbia. Los chats borrados, los audios filtrados, los empresarios amigos, las coimas en discapacidad y las frases descontroladas del propio presidente dibujan un panorama claro: la épica libertaria era una farsa, y detrás del decorado se escondía un festival de negociados y corrupción de manual.

No se trata solo de un escándalo político. Es también un llamado urgente a no naturalizar este saqueo disfrazado de purismo ideológico. Porque si algo muestran los audios, los chats y los silencios cómplices, es que el “nuevo” país libertario no era más que la reedición de lo peor, pero con motosierra en la mano y el doble de hipocresía. La casta, otra vez, pero esta vez gritando “¡viva la libertad, carajo!” mientras se reparten la caja.