Crónica de Karina en Corrientes: entre abucheos, corridas y un “que se vayan” atronador

Lo que iba a ser una caminata triunfal terminó en corrida, gritos de “Karina coimera” y una huida desesperada hacia la camioneta junto a Martín Menem. Entre abucheos y forcejeos, la bronca popular volvió a dejar en ridículo a los libertarios, que otra vez se victimizan hablando de “violencia política” cuando la realidad es que la gente está harta de la miseria y del saqueo.

POLITICA NACIONAL

Por Julián Pereyra

8/29/20253 min read

Parece que a las caravanas libertarias les salió mal la fórmula: en vez de cosechar aplausos, terminan cosechando repudios, insultos, verdulería y corridas. Si en Lomas de Zamora se inauguró el histórico “brócolicazo”, en Corrientes llegó la secuela: “la corridita”. Esta vez, Karina Milei y Martín Menem —dos próceres de la patria libertaria— tuvieron que huir despavoridos hacia una camioneta en pleno centro correntino, en medio de gritos de “Karina coimera” y “que se vayan de acá”.

La escena, por supuesto, fue digna de un sketch. Una multitud enojada, forcejeos, la custodia repartiendo golpes a cualquiera que se cruzara, y los grandes referentes de la “casta que no es casta” metiendo pique corto para salvar la ropa. Entre todos los gritos, hubo uno que se destacó como una síntesis perfecta de la bronca popular: “Que se vayan, que se vayan de Corrientes. Tengo un hijo discapacitado y me sacaron todo. El (por Milei) dice que viene a limpiar la Argentina y escuchamos audios de coimas de la hermana”.

Lo más gracioso —o patético, depende el cristal con que se mire— es el contraste con el discurso que vienen sosteniendo desde siempre: los mismos que reparten violencia verbal y simbólica con frases como “cárcel o bala”, “los zurdos van a correr” o “los vamos a pasar por arriba”, ahora se victimizaron porque un grupo de vecinos les gritó en la cara lo que gran parte del país siente. Y como si no alcanzara, acusaron al gobernador Valdés de organizar una conspiración kirchnerista-radical-feudal para arruinarles la caminata.

O sea: cuando ellos alientan la violencia, es “libertad de expresión”. Cuando la violencia —en este caso, un repudio ciudadano acompañado de lechugas, insultos y bronca contenida— se dirige hacia ellos, pasa a ser “violencia política”, un intento de magnicidio o un complot armado por la casta que supuestamente vinieron a combatir.

El guion se repite: en Lomas de Zamora volaron brócolis y lechugas, y armaron un escándalo como si se tratara de granadas fragmentarias. Ahora, en Corrientes, Karina y Menem se escabulleron como personajes de un reality show, dando vergüenza ajena en cadena nacional. La realidad es que las caravanas libertarias no funcionan: terminan siempre igual, con corridas, custodia pegando, y dirigentes corriendo a refugiarse en camionetas blindadas.

El problema, claro, no es que un par de militantes radicales salgan a armar lío —como ellos quieren vender—. El problema es que la gente está cansada. Cansada de que todos los días se viva peor. Cansada de que echen a laburantes sin indemnización. Cansada de que a los hijos con discapacidad les recorten pensiones y medicamentos. Cansada de que los jubilados sobrevivan con dos monedas y encima los caguen a palos cuando protestan. Cansada de escuchar discursos violentos desde arriba, mientras el pueblo sufre la violencia de verdad: la del hambre, la del desempleo, la del ajuste.

Y ahí está la ironía: el gobierno que construyó toda su épica alrededor de la agresividad, los insultos y el desprecio hacia los demás, hoy llora porque un grupo de correntinos los rajó de una peatonal. El mismo Milei que gritaba que “los zurdos van a correr” ahora se queja porque la hermana tuvo que salir corriendo. El mismo Menem que se jacta de presidir Diputados como si fuera una trinchera, terminó metiendo pique corto como si jugara de 8 en el Federal A.

La conclusión es sencilla y brutal: el pueblo se cansó, y lo está haciendo notar. Y el gobierno que prometía limpiar la Argentina de la “casta” terminó escapando como rata por tirante de una peatonal correntina. No porque la gente sea violenta, sino porque ya no compra el cuento. Y si Milei, Karina y compañía no lo quieren ver, mejor que sigan corriendo: la paciencia social no se mide en encuestas, se mide en brócolis, en gritos, y en corridas.