El AdorniGate no para de crecer: Francisco Adorni quedó imputado por su patrimonio
El escándalo del “AdorniGate” sigue escalando y ya no involucra solamente al jefe de Gabinete. Ahora la Justicia imputó a Francisco Adorni por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de dinero, tras detectar movimientos patrimoniales difíciles de justificar, entre ellos una camioneta Jeep y la cancelación de un crédito hipotecario millonario. Mientras el Gobierno insiste con el ajuste y el “no hay plata”, las sospechas sobre el crecimiento económico del círculo libertario no dejan de multiplicarse.
POLITICA NACIONAL
Por Armando Ramirez
5/14/20264 min read


El escándalo patrimonial que rodea a Manuel Adorni dejó hace rato de ser un problema aislado. Lo que empezó con dudas sobre remodelaciones millonarias, pagos en efectivo, jacuzzis, cascadas premium y gastos difíciles de justificar, ahora suma un nuevo capítulo que golpea de lleno al corazón del círculo familiar del poder libertario: Francisco Adorni, hermano del jefe de Gabinete, fue imputado por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de dinero.
Sí, el “AdorniGate” sigue creciendo. Y cada nueva revelación parece empeorar todavía más la situación política del oficialismo.
La investigación quedó en manos del fiscal Guillermo Marijuán, quien avanzó luego de detectar movimientos patrimoniales llamativos en la Declaración Jurada de Francisco Adorni. El dato que encendió todas las alarmas fue tan simple como brutal: el funcionario incorporó este año una camioneta Jeep adquirida en noviembre de 2025 y además blanqueó la cancelación de 60 millones de pesos correspondientes a un crédito hipotecario con el Banco Provincia.
El problema es evidente. Los números no cierran. Y aparecen lejísimos de lo que podrían justificar sus ingresos como diputado provincial bonaerense y como funcionario público durante los últimos años.
Ahí es donde el caso deja de ser una simple polémica política para transformarse en una investigación mucho más seria. Porque ya no se habla solamente de gastos extravagantes o lujos de country. Ahora la Justicia empieza a poner la lupa sobre posibles mecanismos de enriquecimiento incompatibles con los ingresos declarados.
Y eso cambia todo. Porque mientras el Gobierno repite desde hace meses que “no hay plata”, exige sacrificios, recorta salarios, ajusta universidades, congela jubilaciones y destruye el poder adquisitivo de millones de argentinos, dentro del propio círculo libertario empiezan a aparecer camionetas de lujo, créditos hipotecarios cancelados de golpe y patrimonios que crecen a una velocidad difícil de explicar.
“La nueva casta libertaria parece vivir bastante lejos del ajuste.” La frase ya circula con fuerza en la política y en las redes. Y no es casualidad.
El crecimiento patrimonial acelerado de los hermanos Adorni empieza a construir una imagen cada vez más incómoda para el Gobierno. Porque el discurso anticasta fue, justamente, uno de los pilares con los que Javier Milei llegó al poder. La promesa era terminar con los privilegios de la política tradicional. Pero lo que hoy aparece en escena parece ir exactamente en sentido contrario.
Según trascendió en la investigación, Francisco Adorni duplicó prácticamente su patrimonio declarado en muy poco tiempo. Pasó de cifras relativamente moderadas a movimientos económicos que hoy generan sospechas concretas de la Justicia.
Y hay varios puntos delicados que agravan todavía más el escenario:
La duplicación acelerada del patrimonio declarado.
La cancelación anticipada de un crédito hipotecario millonario.
La adquisición de bienes de alto valor.
Las dudas sobre el origen real de los fondos.
La posibilidad de que existan activos o ingresos no declarados.
La hipótesis de un posible rol como intermediario patrimonial o testaferro.
El levantamiento del secreto fiscal y bancario ordenado por la Justicia.
Todo esto ocurre mientras el propio Manuel Adorni sigue bajo investigación por sus gastos millonarios, remodelaciones premium y operaciones inmobiliarias bajo sospecha.
Es decir: el “AdorniGate” ya no afecta solamente al jefe de Gabinete. Ahora el escándalo toca directamente a la familia.
Y políticamente eso puede ser devastador. Porque cada nueva revelación alimenta una sensación cada vez más peligrosa para el oficialismo: la idea de que mientras el ajuste cae sobre la sociedad, dentro del poder libertario algunos parecen haber encontrado una velocidad económica completamente distinta a la del resto de los argentinos.
“El ajuste siempre cae sobre la educación y los trabajadores, nunca sobre la política.” La contradicción empieza a ser demasiado evidente.
Más todavía cuando aparecen datos sobre el meteórico ascenso político y salarial de Francisco Adorni dentro del Estado. Su crecimiento dentro de organismos públicos estuvo rodeado desde el principio por cuestionamientos sobre su experiencia y capacidad técnica para ocupar cargos sensibles.
Sin embargo, eso no impidió que acumulara funciones, influencia y un fuerte incremento de ingresos en muy poco tiempo.
Y ahora la Justicia quiere saber algo mucho más profundo: si detrás de ese crecimiento hubo simplemente una mejora económica legítima o si existieron mecanismos de enriquecimiento incompatibles con los ingresos reales declarados.
En este contexto también cobra relevancia el papel de la diputada Marcela Pagano, quien impulsó la denuncia que derivó en la imputación. Pagano puso sobre la mesa sospechas vinculadas a posibles maniobras de lavado y administración fraudulenta, en un gesto que muchos interpretan como una rareza dentro de un oficialismo donde pocas voces se animan a cuestionar internamente al círculo de poder.
Porque si algo viene mostrando este Gobierno es una lógica cada vez más cerrada y agresiva frente a las críticas. Funcionarios, periodistas, dirigentes sociales y hasta aliados políticos que cuestionan decisiones oficiales suelen convertirse rápidamente en blancos de ataques públicos.
No se trata solamente de un expediente judicial. Se trata del desgaste político que empieza a producir un escándalo que crece semana tras semana. Y el problema para el Gobierno es que las explicaciones siguen sin aparecer.
Mientras tanto, la sociedad observa una escena cada vez más contradictoria: ajuste feroz para millones de personas y, al mismo tiempo, funcionarios y familiares del poder envueltos en sospechas de patrimonios explosivos, gastos imposibles de justificar y movimientos económicos difíciles de entender.
El problema ya no pasa solamente por cuánto dinero gastaron los Adorni.
El verdadero problema es lo que este escándalo representa políticamente para un gobierno que llegó prometiendo terminar con “la casta”, combatir los privilegios y limpiar la corrupción de la política argentina.
Porque cuando las dudas empiezan a rodear no solo a funcionarios sino también a sus familiares más cercanos, lo que se pone en juego ya no es una explicación patrimonial aislada.
Lo que empieza a resquebrajarse es la credibilidad misma del relato oficial.
