El brócolicazo del conurbano: así terminó la caravana épica de Milei

El “brócolicazo” en Lomas de Zamora dejó en ridículo a la comitiva libertaria: Milei y compañía tuvieron que huir en plena caravana entre insultos, botellazos de agua y hasta una lluvia de verduras. Lo irónico: el mismo gobierno que grita “cárcel o bala” ahora llora y habla de “intento de magnicidio” porque les volaron un brócoli. Todo esto en medio del coima-gate de Karina y Spagnuolo, que ya tiene al oficialismo en su peor crisis.

POLITICA NACIONAL

Por Julián Pereyra

8/28/20253 min read

Lo que pasó en Lomas de Zamora es, sin dudas, uno de esos capítulos que quedarán en la antología del grotesco argentino. Javier Milei y su comitiva libertaria, escoltados por banderas violetas y custodiados por la Policía Federal, terminaron huyendo despavoridos en una camioneta blanca… ¿por qué? Porque los vecinos les hicieron sentir el calorcito del conurbano con lo que tenían a mano: insultos, botellas de agua y, la estrella de la jornada, un arsenal de verduras compuesto por brócolis y lechugas.

Sí, así como suena: la supuesta avanzada libertaria contra “la casta” fue derrotada por una ensalada voladora.

Lo irónico —y al mismo tiempo tragicómico— es que el mismo gobierno que vive repitiendo como mantra frases tipo “cárcel o bala”, “zurdos van a correr” o “la violencia es nuestra herramienta contra los parásitos”, de repente se encontró llorando como si les hubieran arrojado misiles. Apenas una verdura tocó el aire, ya estaban hablando de “intento de magnicidio” y de “terroristas kirchneristas”. Uno escucha eso y no sabe si reírse o preguntarles en qué supermercado venden brócolis explosivos.

Porque claro, el relato oficial necesitaba épica: no podían admitir que el presidente y su troupe habían salido corriendo por un par de jubilados enojados y una bolsa de verduras. Entonces, mágicamente, apareció la “piedra” en el comunicado oficial. Una piedra que, según las imágenes, tenía toda la pinta de ser… un brócoli. Imaginate el papelón: en cadena nacional diciendo que los quisieron asesinar con ensalada. Si esto no es Argentina al palo, ¿qué es?

Pero para entender el quilombo en Lomas hay que ir un poquito más atrás. El clima ya estaba espeso desde que explotó el coima-gate de la ANDIS, con Diego Spagnuolo, Karina Milei y un entramado de audios y chats borrados que huelen peor que heladera cortada en enero. El caso, que desnuda el costado más cínico del gobierno de la “anticorrupción”, fue la chispa que encendió la bronca de los vecinos. Porque mientras el presidente se pasea gritando que “le estamos afanando los choreos a los K”, en la práctica su hermana aparece hasta las manos en un escándalo de coimas millonarias con guita que debía ir a personas con discapacidad. Y encima, cuando Spagnuolo habló, lo primero que hicieron fue borrarle los chats. Transparencia, las pelotas.

En ese contexto llegó Milei a Lomas de Zamora, con la idea de armar una caravana épica para relanzar la campaña. Pero en vez de aplausos, se encontró con lo que suele pasar cuando la bronca popular se acumula: botellazos, insultos y verduras varias. Y ahí quedó expuesta la hipocresía: los mismos que promueven un clima permanente de agresividad, que festejan insultos en los actos y que naturalizan la violencia simbólica y verbal como parte del ADN libertario, ahora lloran porque les gritaron un par de verdades desde la vereda. Es el manual del matón de colegio: se hace el guapo, amenaza a todos, pero cuando le devuelven una piña, corre a decirle a la maestra que lo golpearon.

En Lomas de Zamora no hubo magnicidio, no hubo terrorismo y mucho menos conspiraciones internacionales. Hubo bronca popular, hubo vecinos que se cansaron de un gobierno que ajusta a los que menos tienen y que encima se pasea en caravana como si fuera el carnaval de Gualeguaychú. Y sí, hubo un brócoli volador, que terminó siendo el símbolo perfecto de lo que es este gobierno: un espectáculo ridículo, exagerado y cada vez más alejado de la realidad.

En definitiva, el episodio dejó una postal inolvidable: el gobierno que vive del insulto, la violencia y la chicana, huyendo despavorido por unas verduras. Y lo más triste —y cómico a la vez— es que todavía pretenden venderse como las víctimas de una violencia que ellos mismos fabricaron. Porque si algo quedó claro en Lomas, es que los libertarios pueden gritar mucho sobre la “casta”, pero a la primera lechuga que vuela, se desarman.