El chupamedias supremo: Milei será el primer presidente argentino en festejar el 4 de julio en la embajada de EE.UU.

Javier Milei será el primer presidente argentino de la historia en asistir personalmente al festejo del 4 de julio en la embajada de Estados Unidos. Ni Menem ni la dictadura militar llegaron tan lejos. Mientras el país atraviesa ajuste, crisis e internas políticas, el Gobierno vuelve a mostrar un alineamiento total con Washington que ya genera incomodidad incluso entre sectores que lo apoyaban.

POLITICA NACIONAL

Por Camila Domínguez

7/1/20265 min read

Javier Milei volverá a protagonizar una escena inédita en la historia política argentina. Y no precisamente por un logro económico, un acuerdo internacional estratégico o una decisión que fortalezca la soberanía nacional. Esta vez, el presidente argentino se convertirá en el primero de toda la historia en asistir personalmente al festejo de la independencia de Estados Unidos organizado dentro de la embajada norteamericana en Buenos Aires.

Sí. Ni Carlos Menem se animó a tanto. Ni siquiera la dictadura militar llegó a ese nivel de alineamiento simbólico. Jamás un jefe de Estado argentino había participado personalmente de esta celebración diplomática.

Y el dato, lejos de ser anecdótico, dice muchísimo sobre el momento político e ideológico que atraviesa el Gobierno libertario.

Porque lo que Milei presentará como un gesto diplomático “histórico” o una muestra de cercanía estratégica con Washington, para muchísimos argentinos representa algo completamente distinto: una demostración obscena de subordinación política, alineamiento automático y fascinación casi caricaturesca con Estados Unidos.

Una postal que ningún presidente argentino quiso protagonizar

La escena ya quedó marcada antes de ocurrir. Un presidente argentino entrando a la residencia del embajador estadounidense para celebrar la independencia de otra potencia mundial dentro de su propia embajada.

Las imágenes importan. Y esta imagen dice muchísimo. No se trata solamente de una actividad diplomática más dentro de la agenda presidencial. Tampoco es una visita protocolar cualquiera. Lo simbólico en política existe. Y este gesto tiene una carga política enorme.

El Gobierno intentó justificar la presencia de Milei diciendo que este año se cumplen 250 años de la independencia norteamericana. Pero el argumento suena más a excusa diplomática que a explicación seria. Porque si esa fuera realmente la razón, habría antecedentes similares. Y no los hay.

Ni Menem —máximo exponente de las relaciones carnales con Estados Unidos en los años noventa— asistió personalmente a este evento. Ni Jorge Rafael Videla, durante la dictadura militar, avanzó hasta ese nivel de exposición política y simbólica. Ni presidentes profundamente alineados con Washington quisieron protagonizar una escena semejante. Milei sí.

Y eso vuelve inevitable la pregunta: ¿qué necesidad política tiene el presidente argentino de sobreactuar permanentemente su alineamiento con Estados Unidos?

Relaciones carnales versión extrema

Lo que durante años se conoció como “relaciones carnales” parece haber encontrado ahora su versión más extrema. Desde que llegó al poder, Milei convirtió la política exterior argentina en una sucesión permanente de gestos de admiración, obediencia ideológica y alineamiento absoluto con Estados Unidos y particularmente con Donald Trump.

No se trata únicamente de afinidad política o económica. El problema es el nivel de sobreactuación.

Milei no solamente busca mostrarse como aliado de Washington. Busca ser el alumno ejemplar. El dirigente latinoamericano que más fervorosamente repite discursos republicanos, más rápidamente adopta agendas ajenas y más entusiasmo demuestra por convertirse en una especie de representante regional del trumpismo.

Ahora incluso rompe precedentes históricos para reforzar esa imagen. Ni Menem se animó a tanto. Y cuando una frase así empieza a repetirse con naturalidad, el Gobierno debería preocuparse.

Porque incluso sectores que acompañaron inicialmente al oficialismo empiezan a sentir incomodidad frente a este nivel de alineamiento automático.

¿Presidente argentino o delegado político?

Hay una diferencia enorme entre mantener buenas relaciones diplomáticas y actuar con servilismo político. La Argentina necesita vínculos internacionales sólidos. Necesita inversiones, comercio exterior y relaciones estratégicas. Nadie discute eso.

Pero otra cosa completamente distinta es transformar la política exterior en una demostración constante de fascinación ideológica. Y eso es exactamente lo que empieza a transmitir Milei.

Las imágenes importan. Y la imagen de un presidente argentino celebrando la independencia estadounidense dentro de la embajada norteamericana genera inevitablemente una sensación incómoda. La escena parece más propia de un delegado político que de un jefe de Estado soberano.

Muchos argentinos empiezan a sentir que el Gobierno confunde política exterior con fanatismo ideológico. Y cada nuevo gesto internacional profundiza todavía más esa sensación. Porque ya no se trata solamente de admiración política. Empieza a parecer una necesidad permanente de validación externa.

Mientras Argentina arde

La situación se vuelve todavía más llamativa por el contexto interno que atraviesa el país. Argentina vive ajuste, caída del consumo, recesión, pérdida salarial y tensión social creciente. El oficialismo además viene golpeado por semanas caóticas dentro de la propia Casa Rosada.

La salida de Manuel Adorni dejó internas abiertas entre Karina Milei, Patricia Bullrich y distintos sectores del oficialismo. La llegada de Diego Santilli expuso todavía más el avance del PRO dentro del Gobierno libertario. Las denuncias patrimoniales, los blindajes parlamentarios y las operaciones cruzadas siguen golpeando la imagen oficial.

Pero mientras el país atraviesa una crisis política y económica cada vez más profunda, Milei parece obsesionado con construir vínculos simbólicos con Estados Unidos. Mientras el país arde, Milei sigue actuando como fan internacional de Trump.

A esta altura ya no se sabe si gobierna Argentina o si está haciendo una pasantía diplomática para el Partido Republicano. Y el problema es que la escena empieza a resultar más vergonzosa que estratégica.

El libertarismo y la contradicción permanente

La contradicción ideológica del Gobierno es cada vez más evidente. Hablan permanentemente de soberanía económica, independencia política y lucha contra las élites globales. Pero al mismo tiempo exhiben una dependencia simbólica absoluta respecto de Estados Unidos.

Prometían romper con la vieja política. Pero terminaron llevando las relaciones carnales a niveles inéditos. La supuesta rebeldía antisistema terminó convirtiéndose en obediencia absoluta. El libertarismo argentino parece haber cambiado la bandera de la libertad por la bandera estadounidense. Y cuanto más intenta Milei mostrarse como líder “antisistema”, más termina actuando como un dirigente completamente alineado con los intereses y discursos de Washington.

La imagen de outsider rebelde empieza a desmoronarse frente a una realidad cada vez más clara: el Gobierno parece más interesado en agradar a Estados Unidos que en construir una política exterior verdaderamente soberana.

Una fascinación que ya roza lo caricaturesco

El problema ya no es solamente político. También empieza a ser cultural y simbólico. Porque el nivel de fascinación con Estados Unidos ya empieza a rozar lo caricaturesco. Con esta lógica, solo falta que Milei celebre también el Día de Acción de Gracias en la Casa Blanca.

Cada aparición internacional parece construida para agradar más a sectores conservadores norteamericanos que a los propios argentinos. Y eso genera un desgaste creciente incluso entre votantes oficialistas que acompañaban ciertas ideas económicas pero no imaginaban semejante nivel de alineamiento político internacional. Porque una cosa es tener relaciones diplomáticas maduras. Otra muy distinta es convertir cada gesto presidencial en una demostración permanente de subordinación simbólica.

La decisión de Javier Milei de asistir personalmente al festejo de la independencia de Estados Unidos ya quedó marcada como una imagen histórica. Pero no necesariamente por las razones que el Gobierno esperaba.

Porque más allá de las excusas diplomáticas y los discursos sobre relaciones internacionales, la escena deja otra sensación mucho más incómoda: la de un presidente dispuesto a llevar el alineamiento con Washington a niveles que ni siquiera gobiernos históricamente subordinados se animaron a mostrar. Ni Menem llegó tan lejos. Ni la dictadura militar necesitó semejante demostración pública de cercanía.

Y mientras Argentina atraviesa una crisis profunda, cada nuevo gesto internacional del oficialismo parece reforzar la misma pregunta incómoda:

¿Hasta dónde piensa llegar Milei en esta demostración permanente de obediencia política hacia Estados Unidos?

Noticias

Somos Nexo Argentina

Argentina

Contacto

argentinonexo@gmail.com

© 2024. All rights reserved.