El drama de los trabajadores de una histórica textil: llevan 300 días sin cobrar
El dueño frenó la producción pero sin despedir a los trabajadores ni anunciar un cierre formal.
POLITICA NACIONAL
Julián Pereyra
5/22/20263 min read


La crisis económica que atraviesa la Argentina golpea con fuerza a distintos sectores productivos, pero uno de los más castigados es, sin dudas, la industria textil. En un contexto marcado por la caída del consumo, la apertura de importaciones y el freno de la producción nacional impulsado por las políticas del presidente Javier Milei, decenas de familias trabajadoras viven una situación desesperante en la ciudad de Trelew.
Allí, operarios de la histórica firma textil Soltex volvieron a salir a las calles para reclamar por los salarios adeudados. Con una nueva protesta acompañada por quema de cubiertas, los trabajadores denunciaron que ya cumplieron 305 días sin cobrar sus sueldos, luego de que el dueño de la planta decidiera frenar la producción sin brindar soluciones concretas.
La escena refleja el deterioro de una actividad que durante décadas fue una fuente de empleo clave en la región patagónica. Lo que antes era una fábrica con más de 50 empleados hoy apenas mantiene a 20 trabajadores resistiendo en medio de la incertidumbre. El resto renunció o inició acciones judiciales ante la falta de respuestas.
“Nos dice que no quiere cerrar, pero tampoco nos paga, es un sinvergüenza”, expresó con indignación Néstor Sajama, representante de los trabajadores, durante una de las manifestaciones realizadas frente a la planta. Las palabras resumen el agotamiento de un grupo de empleados que lleva casi un año sobreviviendo sin ingresos fijos.
Según denuncian los operarios, la situación ya se volvió “insostenible”. Muchos trabajadores no solo enfrentan dificultades para alimentar a sus familias o pagar servicios básicos, sino también problemas vinculados a los aportes previsionales. Algunos empleados están próximos a jubilarse y temen perder años de aportes debido a la paralización de la actividad y la falta de pago.
“Al parecer esto no tiene solución. Estamos aquí esperando una respuesta, pero nuestro empleador quiere que nos vayamos o iniciemos juicio para nunca pagarnos”, sostuvo Sajama, reflejando la sensación de abandono que sienten los trabajadores.
Mientras el ministro de Economía Luis Caputo asegura públicamente que existe “euforia por invertir en la economía real”, en distintos puntos del país las fábricas cierran, reducen personal o directamente abandonan a sus trabajadores. La contradicción entre el discurso oficial y la realidad cotidiana de cientos de familias genera cada vez más tensión social.
Desde la Asociación Obrera Textil vienen realizando gestiones para intentar destrabar el conflicto, aunque hasta el momento no hubo avances concretos. La producción continúa frenada y el propietario de la empresa permanece lejos del conflicto, sin presentarse personalmente en la planta ubicada en Chubut.
Ante ese escenario, los trabajadores piden una intervención urgente tanto del gobierno provincial como del municipal. Reclaman que las autoridades obliguen al dueño de la empresa a dar explicaciones y buscar una salida que permita recuperar los puestos laborales.
“Esperamos que las autoridades provinciales y municipales puedan hacer que este hombre venga a dar la cara desde Buenos Aires. La lucha continúa día a día”, manifestó el representante gremial.
Con el correr de los meses, crece además otra propuesta entre los empleados: la posibilidad de que los propios trabajadores se hagan cargo de la fábrica para reactivar la producción. La idea surge como una alternativa desesperada frente al abandono empresarial y al temor de que la planta cierre definitivamente.
“Si no quiere trabajar, que nos den la fábrica a los trabajadores y nosotros vemos qué podemos hacer”, remarcaron durante la protesta.
El conflicto de Soltex no es un caso aislado. En distintos puntos del país se multiplican las señales de una industria nacional que se encuentra al límite. Comercios históricos que bajan sus persianas, fábricas paralizadas y miles de trabajadores que pierden su sustento forman parte de un escenario económico cada vez más complejo.
Mientras tanto, en Trelew, veinte trabajadores siguen resistiendo frente a una fábrica detenida, esperando cobrar lo que les corresponde después de más de 300 días de incertidumbre, angustia y promesas incumplidas.


