El Gobierno acelera y busca escapar hacia adelante en medio de la crisis
Lejos de resolver las urgencias políticas del presente, el equipo de Milei apunta los cañones y la agenda al próximo año electoral.
POLITICA NACIONAL
Camila Dominguez
7/13/20262 min read


La democracia según Milei: discutir menos, votar más y preguntar nunca
Se termina el Mundial y en la Casa Rosada empieza el verdadero torneo. No se juega una copa, se juega algo mucho más importante: conseguir que el Congreso apruebe, a velocidad récord, todo lo que salga del Poder Ejecutivo. Porque, al parecer, debatir desgasta y las mayorías legislativas están para obedecer, no para molestar con preguntas.
La orden que baja por los pasillos oficiales sería tan simple como contundente: disciplina absoluta. El manual parece reducido a una sola página: "Si lo manda el Ejecutivo, se vota". Total, cuestionar proyectos es una costumbre de la vieja política... esa misma que el Gobierno asegura combatir mientras negocia con gobernadores, seduce aliados y recicla herramientas electorales que antes calificaba como los peores vicios de la casta.
Karina Milei se puso al frente del operativo "alineación planetaria". Reuniones, encuentros, llamados y fotos para recordarles a los propios que el libre pensamiento puede ser un lujo demasiado caro cuando la prioridad es llegar fortalecidos a 2027.
La reforma del Banco Central, el SuperRIGI, Zonas Frías, la reforma política y todo lo que venga en carpeta desfilará por el Congreso con la esperanza de que la velocidad sustituya al debate. Después de todo, discutir lleva tiempo, y el calendario electoral no espera.
Eso sí, el miércoles no habrá demasiada actividad. Juega la Selección. Hay prioridades que ni el ajuste puede tocar. El país puede esperar unas horas; un partido del Mundial, jamás.
Mientras tanto, el Gobierno también intenta convencer a los gobernadores de acompañar cambios electorales que hace no tanto tiempo habrían sido denunciados como maniobras de la "casta". Las colectoras ya no serían colectoras; simplemente tendrían otro nombre. Porque en política, como en el marketing, cambiar el envase suele ser más sencillo que cambiar el contenido.
La relación con el PRO tampoco deja de sorprender. Algunos dirigentes amarillos son ahora aliados estratégicos. Otros permanecen en la lista negra. La línea que separa al enemigo del socio parece medirse según la necesidad del momento. La coherencia, una vez más, quedó atrapada en la sala de espera.
Y mientras la agenda oficial alterna entre discursos, viajes internacionales y reuniones partidarias, el ciudadano promedio sigue esperando que el entusiasmo reformista se traduzca también en respuestas para los problemas que enfrenta todos los días. Pero esa parece ser otra discusión.
Por ahora, el libreto está escrito. Primero, ordenar la tropa. Después, acelerar las reformas. Más tarde, pensar en la campaña. Y finalmente convencer a todos de que eso no es una campaña anticipada, sino una casual coincidencia del calendario.
En definitiva, el Gobierno parece haber encontrado la fórmula perfecta: menos deliberación, más alineamiento; menos preguntas, más aplausos. Porque cuando el objetivo es llegar a la reelección, cualquier trámite institucional puede convertirse en un simple detalle administrativo.
