Hoy juega Argentina: comienza la defensa del sueño más grande

Se terminó la espera. La Selección Argentina vuelve a salir a la cancha y con ella regresa la ilusión de todo un país. Messi, Scaloni y los campeones del mundo comienzan la defensa de la corona con el sueño intacto de volver a hacer historia y pelear por el bicampeonato.

DEPORTES

Por Julián Pereyra

6/16/20264 min read

Se terminó la espera: hoy juega Argentina. Y con la Selección vuelve algo que ningún argentino puede explicar del todo pero que todos sienten igual. Vuelve la ansiedad, vuelven los nervios, vuelven las cábalas, las reuniones familiares, los mensajes de WhatsApp, las banderas colgadas en los balcones y esa sensación única de que, por un rato, el país entero late al mismo ritmo.

Hoy no es un día más. Hoy debuta el campeón del mundo.

Después de meses de espera, de cuentas regresivas y de imaginar otra vez el sonido del himno en un Mundial, la Scaloneta vuelve a salir a la cancha. Lionel Messi vuelve a ponerse la camiseta argentina en una Copa del Mundo y millones de personas vuelven a ilusionarse con algo que hasta hace no mucho parecía imposible: pelear otra vez por la gloria máxima.

Porque si algo cambió después de Qatar 2022 es la manera en que los argentinos miran a esta Selección. Ya no se trata solamente de presión o de obligación. Este equipo logró algo mucho más importante: construir un vínculo emocional genuino con la gente. Un grupo de jugadores que pasó de ser cuestionado a convertirse en una parte enorme de la identidad futbolera y emocional del país.

Hoy Argentina vuelve a jugar un Mundial defendiendo la corona. Y esa frase, por sí sola, alcanza para entender la magnitud del momento.

Defender el título de campeón del mundo es uno de los desafíos más difíciles que existen en el fútbol. La historia lo demuestra. Apenas Italia en 1938 y Brasil en 1962 lograron repetir el título siendo campeones defensores. Desde entonces, nadie pudo sostenerse en la cima.

Porque llegar es complicado. Pero quedarse arriba suele ser todavía más difícil. La camiseta pesa. La presión cambia. Los rivales juegan distinto. Cada selección quiere derrotar al campeón. Cada partido se transforma en una final. Y Argentina lo sabe mejor que nadie.

Los recuerdos de España 1982 e Italia 1990 siguen presentes en la memoria futbolera nacional. Aquella caída frente a Bélgica en el debut del ‘82 y el inesperado golpe contra Camerún en el ‘90 funcionan todavía hoy como advertencias permanentes de que en un Mundial nadie regala nada.

Defender la gloria suele ser más difícil que alcanzarla. Por eso este debut frente a Argelia aparece cargado de simbolismo. Porque el Mundial vuelve a empezar de cero. Porque el pasado ya quedó escrito, pero el presente vuelve a exigir respuestas inmediatas. Y porque en el fútbol no existe la memoria eterna.

Del otro lado estará una selección argelina que tiene lo suyo. Un equipo intenso, físico, rápido y con futbolistas de experiencia internacional. Las selecciones africanas hace tiempo dejaron de ser rivales “accesibles” y Argentina conoce perfectamente lo peligrosos que pueden resultar los debuts mundialistas.

No existen partidos simples en un Mundial. Y mucho menos cuando enfrente está el campeón.

Lionel Scaloni lo sabe. Por eso mantuvo el misterio hasta último momento. Línea de tres o línea de cuatro. Lautaro Martínez o Julián Álvarez. Algunas dudas tácticas que mantienen la expectativa y alimentan el debate futbolero que invade cada rincón del país.

Pero más allá de los nombres, Argentina llega con algo que no siempre tuvo en otros Mundiales: una identidad clara.

La Selección sabe a qué juega. Tiene funcionamiento, personalidad, liderazgo y una mentalidad ganadora construida durante años. Incluso con algunas lesiones o bajas importantes, el equipo mantiene una estructura sólida que transmite confianza. Y gran parte de eso tiene un responsable central: Lionel Scaloni.

El entrenador pasó de ser una apuesta cuestionada a transformarse en el conductor de uno de los ciclos más importantes y queridos de la historia de la Selección Argentina. Construyó mucho más que un equipo. Recuperó el sentido de pertenencia. Le devolvió a la Selección una conexión emocional con la gente que parecía perdida durante muchos años.

Transformó un grupo golpeado en un campeón del mundo. Y hoy vuelve a intentarlo. Claro que en el centro de todo aparece Lionel Messi. Siempre Messi.

El capitán afronta probablemente su última gran aventura mundialista vestido de celeste y blanco. Pero a diferencia de otros tiempos, ya no juega perseguido por la necesidad desesperada de ganar algo con Argentina. Eso quedó atrás en el Maracaná, en Wembley y finalmente en Doha.

Hoy Messi juega desde otro lugar. Juega como campeón del mundo. Como ídolo absoluto. Como líder de una generación que ya entró definitivamente en la historia grande del fútbol argentino. Y quizás por eso la ilusión vuelve a sentirse tan fuerte.

Porque este equipo ya demostró que sabe competir bajo presión. Porque ya atravesó noches imposibles. Porque aprendió a sufrir, a levantarse y a ganar. Y porque después de Qatar el sueño dejó de parecer una fantasía.

El bicampeonato ya no suena imposible. La ilusión vuelve a ponerse la camiseta.

Mientras tanto, en cada casa argentina se repite la misma escena. Hay quienes preparan el mate para aguantar despiertos hasta la madrugada. Otros organizan cenas familiares. Algunos desempolvan camisetas históricas. Los grupos de amigos explotan de mensajes. El país entero parece entrar lentamente en ese clima tan particular que solamente puede generar un Mundial.

Porque cuando juega Argentina se detiene todo. Y eso sigue siendo uno de los pocos fenómenos capaces de unir emocionalmente a millones de personas al mismo tiempo. Hoy vuelve la Scaloneta. Vuelve Messi. Vuelve el campeón del mundo.

Y con ellos vuelve algo todavía más fuerte: la ilusión colectiva de seguir haciendo historia. Porque nadie sabe cómo terminará este Mundial. El fútbol nunca garantiza nada. Pero hay algo que sí parece seguro: esta Selección volvió a hacer que los argentinos crean.

Y después de todo lo vivido en Qatar, nadie puede prohibirse soñar otra vez. Porque el campeón quiere seguir escribiendo historia. Porque la gloria siempre invita a ir por más. Porque quizás todavía quede una página más por escribir.

Y si el fútbol te debía 2 Leo?

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