Identificaron los restos de ocho víctimas de la dictadura en el ex centro clandestino La Perla

Son cuatro mujeres y cuatro hombres víctimas de la dictadura a quienes el Equipo de Antropología Forense pudo finalmente ponerles nombre y apellido. Todos desaparecieron en 1976. Sus secuestros no están relacionados entre sí.

NACIONALSOCIEDAD

Camila Dominguez

10/23/20264 min read

Identificaron los restos de ocho víctimas de la dictadura en La Perla: ya son 38 los desaparecidos reconocidos

El Equipo Argentino de Antropología Forense logró identificar a ocho personas desaparecidas durante 1976, cuyos restos fueron recuperados en Loma del Torito, cerca del ex centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba. Se trata de cuatro mujeres y cuatro hombres que fueron víctimas del terrorismo de Estado.

El juez federal de Córdoba, Hugo Vaca Narvaja, anunció la identificación de los restos de ocho personas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar, recuperados en la zona conocida como Loma del Torito, en las inmediaciones del predio donde funcionó el centro clandestino de detención, tortura y exterminio La Perla.

El hallazgo representa un avance fundamental en la búsqueda de las víctimas del terrorismo de Estado. Con estas nuevas identificaciones, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró establecer la identidad de 38 personas desaparecidas desde que comenzaron los trabajos de búsqueda en septiembre de 2025.

Los ocho casos corresponden a personas secuestradas durante 1976: cuatro mujeres y cuatro hombres, cuyos secuestros no estarían relacionados entre sí. Los investigadores sostienen que los cuerpos podrían haber sido removidos mediante maquinaria pesada a comienzos de 1979, en un intento de ocultar las pruebas de los crímenes antes de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que llegó a la Argentina en septiembre de ese año.

La recuperación de los restos y su identificación constituyen un paso decisivo para las familias que durante décadas buscaron conocer el destino de sus seres queridos. También aportan nuevas evidencias para reconstruir el funcionamiento del aparato represivo desplegado por la dictadura.

Quiénes son las ocho personas identificadas

Las víctimas identificadas tenían distintas edades, ocupaciones y trayectorias políticas y sindicales. Entre ellas había trabajadores, estudiantes universitarios, una docente y una psicóloga.

Néstor Albino Acosta, nacido el 11 de diciembre de 1955, era trabajador ferroviario de la línea Mitre y estudiaba Arquitectura en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Fue secuestrado de su vivienda en el barrio Talleres Sud el 16 de junio de 1976, cuando tenía 21 años.

Pascual Delfín Ludueña, nacido el 29 de septiembre de 1946, trabajaba en FIAT Concord y se desempeñaba como delegado sindical. Fue secuestrado el 24 de marzo de 1976, a los 29 años.

Claudio Norberto Nardini, nacido el 28 de diciembre de 1941 en la ciudad de Buenos Aires, trabajaba en la empresa Sancor y tenía participación gremial. Fue secuestrado el 23 de abril de 1976 en su casa, ubicada en el camino a Monte Cristo. Durante el juicio por la megacausa La Perla, su hermano relató aspectos de su vida laboral y personal.

Cecilia Alicia Pessina Libro de Ávila, nacida en Río Tercero el 22 de octubre de 1948, era perito mercantil, profesora de piano y psicóloga. Estaba comprometida con actividades sociales y militaba en la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). Su marido, Benjamín Ávila, fue asesinado el 13 de agosto de 1976. Cecilia fue secuestrada al día siguiente, delante de su hija.

Mónica Protti de Guillén, nacida el 8 de enero de 1952 en Río Cuarto, era maestra normal y estudiaba Medicina en la UNC. Militaba en el Partido Comunista. El 21 de septiembre de 1976 fue secuestrada junto a su compañero, Enrique Daniel Guillén, en el barrio Villa Belgrano.

Mercedes del Valle Ramírez, nacida el 3 de septiembre de 1954, cursaba el cuarto año de la escuela secundaria y trabajaba en un comercio de venta de lanas. Según la reconstrucción del Archivo Provincial de la Memoria de Córdoba, fue secuestrada de su domicilio el 3 de julio de 1976.

María Luisa Salto, nacida el 8 de diciembre de 1955 en Cipolletti, Río Negro, cursaba tercer año de Medicina en la UNC y militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Fue secuestrada el 28 de julio de 1976. Durante su cautiverio compartió momentos con la sobreviviente Graciela Geuna, quien participa de la búsqueda de los desaparecidos en Loma del Torito.

Juan Carlos Soulier, nacido el 1 de noviembre de 1952 en La Rioja, trabajaba como electricista junto a su padre y estaba terminando la carrera de Ingeniería de la Construcción en la Universidad Tecnológica de Córdoba. Militaba en los Comandos Populares de Liberación, vinculados posteriormente a las Fuerzas Armadas de Liberación. Fue secuestrado el 15 de agosto de 1976 junto a su esposa, Adriana María Díaz Ríos, y su hijo Sebastián, de apenas cinco meses. La familia logró recuperar al bebé, que hoy integra la querella de familiares que impulsa la búsqueda en La Perla.

La búsqueda de la verdad y la memoria

Durante la conferencia de prensa, Vaca Narvaja también hizo referencia a la identificación de Alejandro Ernesto Jesús Jerez Bodereau, anunciada previamente en agosto. Jerez tenía 22 años cuando fue secuestrado, el 5 de mayo de 1976, en el barrio Alberdi de Córdoba. Estudiaba Psicología en la UNC, trabajaba en Ika-Renault y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

Los trabajos en Loma del Torito son impulsados por distintos organismos, especialistas y familiares de las víctimas. Entre quienes promueven la búsqueda se encuentra la sobreviviente Graciela Geuna, que insiste en la importancia de recuperar los cuerpos para garantizar el derecho de las familias a conocer la verdad y dar sepultura a sus seres queridos.

La identificación de los restos permite cerrar, al menos parcialmente, décadas de incertidumbre para quienes buscaban a sus familiares. Al mismo tiempo, aporta información relevante para la reconstrucción histórica y judicial de los crímenes cometidos durante la dictadura.

A 50 años del golpe de Estado de 1976, el avance de las investigaciones vuelve a poner en primer plano la necesidad de sostener las políticas de memoria, verdad y justicia. Cada identificación representa una nueva posibilidad de restituir la identidad de las víctimas y de esclarecer lo ocurrido en uno de los principales centros clandestinos de detención que funcionaron en el país.

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