Inflación en baja, salarios en caída: el costo oculto de la estabilidad

La inflación desacelera, pero el alivio no llega de la misma manera a todos los bolsillos. Mientras algunos sectores de la economía crecen, los salarios, el consumo y actividades clave como la industria y la construcción enfrentan un escenario cada vez más complejo.

NACIONAL

Debora Fernandez

9/11/20265 min read

La inflación volvió a mostrar una desaceleración y alcanzó en agosto el 1,7%. El dato, a primera vista, representa una señal positiva para la economía argentina después de años marcados por fuertes aumentos de precios. Sin embargo, detrás de esa cifra aparece una realidad mucho más compleja: la pérdida de poder adquisitivo, el debilitamiento del consumo y una economía que parece avanzar a diferentes velocidades.

El problema ya no pasa únicamente por cuánto aumentan los precios, sino por una pregunta que afecta directamente a millones de argentinos: ¿qué capacidad tienen los salarios para acompañar el costo de vida?

Durante los primeros meses del año, la inflación acumuló una suba del 21,3%, mientras que los ingresos de una parte importante de los trabajadores no lograron recuperar el terreno perdido. Para quienes viven de un salario fijo, trabajan por cuenta propia o se encuentran en la informalidad, la desaceleración de los precios no necesariamente significa una mejora inmediata de su situación económica.

Por el contrario, muchos hogares continúan ajustando sus gastos para poder llegar a fin de mes.

El salario pierde terreno

Uno de los principales puntos de preocupación está relacionado con la evolución de los ingresos.

Aunque la inflación mensual se encuentre en niveles considerablemente menores a los registrados durante los períodos de mayor inestabilidad, los precios siguen aumentando. Y cuando los salarios avanzan a un ritmo menor, el resultado es una pérdida progresiva de la capacidad de compra.

La situación es todavía más complicada para los trabajadores informales y los cuentapropistas, cuyos ingresos suelen tener una mayor inestabilidad.

Durante el primer trimestre del año, el ingreso promedio se ubicó por encima del millón de pesos mensuales, pero la diferencia entre los distintos tipos de trabajadores fue significativa. Los cuentapropistas tuvieron ingresos promedio considerablemente menores, mientras que los asalariados informales también quedaron muy por debajo del promedio general.

La consecuencia es evidente: una parte importante de la población tiene cada vez menos margen para consumir.

Cuando una familia debe destinar una proporción mayor de sus ingresos a alimentos, alquiler, servicios, transporte y otros gastos básicos, queda menos dinero disponible para comprar ropa, electrodomésticos, salir a comer, cambiar el celular o realizar otros consumos.

Y ese menor consumo termina impactando directamente sobre la economía.

Menos consumo, más presión sobre el mercado interno

El consumo es uno de los principales motores de la economía argentina. Por eso, cuando los salarios pierden capacidad de compra, el efecto no se limita a los hogares.

Los comercios venden menos. Las empresas reciben menos pedidos. Las fábricas reducen su producción. Los pequeños emprendimientos pierden clientes y algunos negocios comienzan a tener dificultades para sostener sus estructuras.

Se genera así un círculo que puede ser difícil de romper: menos ingresos generan menos consumo y menos consumo genera menor actividad económica.

Esta situación resulta especialmente importante para sectores como el comercio, la industria y la construcción, que dependen en gran medida del movimiento del mercado interno.

Mientras tanto, otras actividades vinculadas a la generación de divisas muestran una dinámica diferente.

Una economía que crece a dos velocidades

La minería, la energía, el sector financiero y el agro aparecen entre las actividades que lograron mejores resultados durante los últimos años.

El problema es que esos sectores no necesariamente tienen la misma capacidad para generar empleo masivo que la industria, la construcción o el comercio.

Esto genera una particularidad del actual escenario económico: es posible observar crecimiento en determinados sectores mientras una parte importante de la población siente que su situación no mejora.

La economía puede crecer en términos generales y, al mismo tiempo, existir una percepción de deterioro en los hogares.

La explicación está en cómo se distribuye ese crecimiento.

Si la expansión se concentra en sectores específicos y no se traduce en mejores salarios, mayor empleo y un incremento del consumo, el crecimiento puede convivir con una fuerte sensación de estancamiento para amplios sectores de la sociedad.

Industria y construcción, entre los sectores más afectados

Los datos sobre empleo muestran otra cara de la situación.

La construcción registró una fuerte caída en la cantidad de trabajadores, mientras que la industria manufacturera también sufrió una reducción significativa. El comercio, por su parte, enfrentó una contracción en los puestos de trabajo.

Son datos importantes porque se trata de actividades con un fuerte impacto sobre la economía cotidiana.

Una obra que se detiene no afecta solamente a los obreros. También perjudica a corralones, proveedores de materiales, transportistas, ferreterías y numerosos comercios vinculados al sector.

Lo mismo ocurre con una fábrica que reduce su producción. Menos producción significa menos compras a proveedores y, eventualmente, menos horas trabajadas o menos puestos de trabajo.

Por eso, la situación de estos sectores funciona como un indicador de la fortaleza del mercado interno.

La paradoja de una inflación más baja

La desaceleración de la inflación representa, sin dudas, un dato importante. Después de períodos de aumentos acelerados, lograr una mayor estabilidad de precios puede permitir que las familias y las empresas tengan un horizonte más previsible.

Pero la estabilidad tiene una condición fundamental para convertirse en una mejora concreta: debe estar acompañada por una recuperación de los ingresos.

De poco sirve que los precios aumenten más lentamente si los salarios permanecen estancados o si una persona pierde su empleo.

Para una familia con ingresos suficientes, una inflación mensual del 1,7% puede significar una mejora respecto de meses anteriores. Para otra que ya tuvo que recortar gastos, endeudarse o dejar de comprar productos básicos, el panorama puede ser muy diferente.

Por eso, el verdadero desafío económico no consiste solamente en reducir la inflación, sino en conseguir que esa estabilidad sea compatible con una recuperación del poder adquisitivo.

¿Quién se beneficia del nuevo escenario?

La economía argentina atraviesa una transformación profunda.

Mientras determinados sectores vinculados a las exportaciones y a la generación de dólares muestran crecimiento, otras actividades que dependen principalmente del consumo local enfrentan mayores dificultades.

Esto plantea una discusión de fondo sobre el modelo económico.

El interrogante es si el crecimiento de los sectores más dinámicos podrá finalmente trasladarse al resto de la economía mediante inversiones, nuevos puestos de trabajo, mejores salarios y mayor actividad.

Si eso ocurre, la estabilidad de precios podría convertirse en el punto de partida de una recuperación más amplia.

Pero si los salarios continúan perdiendo terreno y el consumo permanece debilitado, existe el riesgo de que la economía termine mostrando dos realidades cada vez más alejadas entre sí: una vinculada a los sectores que generan dólares y otra relacionada con los trabajadores, comercios y empresas que dependen del mercado interno.

El desafío que queda por delante

La baja de la inflación es un objetivo importante, pero no es el único indicador que permite medir el bienestar económico.

También hay que observar los salarios, el empleo, el consumo, la producción industrial y la situación de las pequeñas y medianas empresas.

Porque detrás de cada porcentaje existe una realidad concreta.

Un salario que alcanza para comprar menos. Un comercio que vende menos. Una fábrica que produce por debajo de su capacidad. Una familia que posterga una compra. Un trabajador que debe endeudarse para cubrir gastos básicos.

La gran incógnita será determinar si la actual estabilidad puede transformarse en una etapa de crecimiento más equilibrado o si terminará consolidándose una economía donde algunos sectores avanzan mientras una parte importante de la sociedad continúa ajustando sus gastos.

La inflación puede estar bajando. El verdadero desafío ahora será conseguir que también deje de caer el poder de compra de los argentinos.

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