Interna al rojo vivo: vuelan sillazos en LLA y la guerra libertaria ya es total
La interna libertaria entró en una fase explosiva: peleas entre Santiago Caputo y los Menem, Karina Milei enfrentada con Bullrich, operaciones cruzadas y un gobierno cada vez más fracturado. Mientras Milei intenta apagar incendios, La Libertad Avanza muestra sus peores grietas en medio de una crisis política que ya no pueden ocultar.
POLITICA NACIONAL
Por Julián Pereyra
5/22/20264 min read


La Libertad Avanza ya no puede ocultarlo más: el oficialismo entró en una guerra interna salvaje y completamente fuera de control. Lo que hasta hace pocos meses se vendía como una fuerza política disciplinada, monolítica y alineada detrás de Javier Milei hoy parece una bolsa de gatos llena de operaciones, amenazas, egos, traiciones y peleas de poder que estallan públicamente todos los días. Vuelan sillazos para todos lados y el gobierno ya ni siquiera intenta disimular el caos.
El problema para Milei es que la crisis ya dejó de ser un simple ruido interno. Ahora se convirtió en una fractura política visible, grotesca y peligrosa. Y lo más grave: el Presidente parece cada vez menos capaz de controlar a su propia tropa.
Hace varios días que Javier Milei prácticamente desapareció de la Casa Rosada. Mientras el país atraviesa ajuste, caída del consumo, salarios destruidos, crisis universitaria y denuncias de corrupción que golpean al propio oficialismo, el mandatario intenta apagar incendios desde lejos. Pero no puede. El desorden libertario ya tomó vida propia.
En el corazón de esa implosión aparece la guerra brutal entre Santiago Caputo y el clan Menem. Una pelea que empezó como una interna silenciosa por espacios de poder y terminó transformándose en una carnicería política a cielo abierto. Las acusaciones cruzadas ya no se esconden. Operaciones digitales, cuentas anónimas, filtraciones, carpetazos, audios, espionaje interno y amenazas forman parte del menú cotidiano dentro del oficialismo.
La frase que lanzó Santiago Caputo resume el nivel de deterioro: “Yo propuse tiros”.
No fue una metáfora inocente ni un exabrupto aislado. Fue una radiografía brutal del clima tóxico que domina hoy a La Libertad Avanza. Un gobierno que prometía terminar con “la casta” terminó funcionando como una mezcla de interna barrabrava, call center político y conventillo de poder.
Del otro lado apareció Martín Menem, que abandonó el silencio y salió a responder públicamente:
“No subestimen al Presidente”.
Pero detrás de esa frase se esconde algo mucho más profundo: una pelea feroz por el control político del gobierno, por el armado electoral y por las cajas del poder. Los Menem acusan a Caputo de manejar negocios y contratos del Estado para beneficiar a empresarios amigos. El sector de Caputo, en cambio, acusa a los Menem de operar en las provincias para construir poder propio y tejer alianzas judiciales.
La nueva política terminó convertida en una guerra de egos, operaciones y traiciones. Y el problema para Milei es que el barro ya le llegó hasta el cuello.
Porque mientras el Presidente intenta sostener un relato de orden y autoridad, todo su espacio político transmite exactamente lo contrario: nerviosismo, descontrol y desesperación.
La interna ya empezó incluso a cobrarse víctimas visibles. Federico Angelini, funcionario alineado con Patricia Bullrich dentro del Ministerio de Seguridad, presentó su renuncia y se convirtió en la primera baja concreta de esta guerra libertaria. Pero nadie cree que será la última.
En paralelo, el conflicto entre Karina Milei y Patricia Bullrich terminó de dinamitar cualquier ilusión de convivencia interna.
Karina directamente echó a Bullrich de las reuniones de gabinete después de que la ministra exigiera públicamente que Manuel Adorni presente su declaración jurada. Y ahí apareció otro de los grandes fantasmas que hoy persiguen al oficialismo: el AdorniGate.
Las sospechas patrimoniales alrededor de funcionarios libertarios se transformaron en una bomba política que erosiona cada vez más al gobierno. Mientras ajustan universidades, jubilaciones y salarios, aparecen remodelaciones millonarias, gastos inexplicables y funcionarios incapaces de justificar patrimonios que crecieron a velocidad supersónica.
“No hay plata” para la gente, pero sí parece haberla para blindajes políticos, privilegios y funcionarios cada vez más sospechados.
Karina Milei reaccionó con furia frente a cualquier cuestionamiento público hacia Adorni. Y como suele hacer, eligió disciplinar a los propios antes que enfrentar el problema político de fondo. La lógica interna libertaria funciona cada vez más bajo un esquema verticalista y punitivo: el que cuestiona, vuela.
Pero esta vez apareció un problema inesperado para el karinismo: Patricia Bullrich no parece dispuesta a agachar la cabeza. Cerca de la ministra lo dicen sin vueltas: “Ella no es como Marra ni los otros”.
Traducido al idioma libertario: Bullrich no piensa quedarse callada ni aceptar humillaciones públicas como otros dirigentes que fueron expulsados, borrados o disciplinados por Karina Milei.
Y ahí aparece otro síntoma grave del momento político del gobierno: todos empiezan a despegarse.
Ramiro Marra salió públicamente a decir que a Milei “le mienten”. Agustín Laje habló de funcionarios que “engañan al Presidente”. Mauricio Macri directamente definió a Milei como un líder “emocional” y cuestionó el clima de intolerancia interna del oficialismo.
Los que venían a terminar con la casta ahora se despedazan entre ellos por cuotas de poder.
Mientras tanto, la sociedad mira un espectáculo cada vez más grotesco. Porque el país real está atravesado por otra cosa: salarios pulverizados, universidades desfinanciadas, científicos sin recursos, jubilados ajustados y una economía donde llegar a fin de mes se volvió una misión imposible para millones de personas.
Pero en el oficialismo parecen vivir en otra dimensión. Mientras la sociedad pelea para sobrevivir, ellos pelean por cargos, blindajes y control político. Y eso empieza a generar un desgaste cada vez más visible sobre el propio liderazgo de Javier Milei.
Durante meses el Presidente logró sostener una imagen de autoridad absoluta sobre su espacio político. Hoy esa imagen empieza a resquebrajarse. Ya no parece un líder que controla a su tropa, sino alguien obligado a apagar incendios internos todo el tiempo.
El gobierno que prometía orden hoy parece atrapado en un caos permanente.
Y lo más peligroso para La Libertad Avanza es que las fracturas ya dejaron de ser ideológicas: ahora son personales, económicas y de supervivencia política. Todos sospechan de todos. Todos operan contra todos. Todos intentan salvarse antes de que el desgaste termine llevándose puesto al conjunto.
La estructura libertaria aparece cada vez más tambaleante, corroída por internas feroces, denuncias, egos y disputas de poder. Lo que hace pocos meses "parecía" un proyecto político sólido hoy muestra grietas profundas por todos lados.
Y si el oficialismo no recompone su interna, podría llegar completamente diezmado, dividido y políticamente destruido al 2027.
