Milei pierde apoyo: las redes ya no responden y el relato libertario empieza a hacer agua

La comunicación libertaria atraviesa un momento crítico: Milei pierde fuerza en las redes, el enojo ya no alcanza para imponer la agenda y el desencanto empieza a crecer entre los jóvenes que alguna vez fueron una pieza clave de su relato. Mientras Santiago Caputo se repliega y Las Fuerzas del Cielo pierden protagonismo, el Gobierno enfrenta un problema cada vez más difícil de esconder: cuando se apaga el ruido digital, queda la realidad.

NACIONAL

Por Armando Ramirez

8/28/20263 min read

Qué lindo era el cuento, ¿no? El león rugiendo, las motosierras virtuales, los trolls a mil por hora y una legión de pibes convencidos de que por fin alguien venía a romper todo. Hasta que el show empezó a hacer agua por todos lados y ahora, señores, se les está desinflando el globo más rápido que un globito en un asado con viento.

La comunicación libertaria entró en crisis, el oficialismo pierde terreno en las redes y el desencanto empieza a aparecer entre los jóvenes que alguna vez fueron parte central de su relato.

La comunicación libertaria entró en crisis

La comunicación libertaria entró en crisis y no es un decir. Dos consultoras distintas, con números fríos y sin amor, coinciden en lo mismo: Javier Milei y sus ministros se fueron al piso en las redes. De pico a sótano entre febrero del año pasado y junio de este. La imagen negativa se consolida, la agenda se les escapa como arena entre los dedos y recuperar terreno parece cada vez más una fantasía de domingo a la tarde.

La última semana el Presidente intentó el clásico recurso del enojado: catarata de tuits, insultos a periodistas, agresiones a opositores, el pack completo. Resultado: un pedo en un frasco. No movió el amperímetro. Nadie se asustó, nadie se rindió, nadie cambió de opinión. Solo se vio a un tipo gritando más fuerte mientras el micrófono se le apagaba de a poco.

Caputo se repliega y Las Fuerzas del Cielo pierden fuerza

Puertas adentro, dicen, reconocen lo que ya se huele en la calle digital: Santiago Caputo se repliega y con él se van Las Fuerzas del Cielo. Ese ejército de cuentas, memes y ruido que durante un tiempo pareció invencible ahora está en modo silencio o, peor, en modo “cada uno se salva solo”. El relato quedó huérfano. Y cuando el relato se queda sin padre, el gobierno se queda sin mapa.

Perdieron terreno en la calle digital y, lo más gracioso, no saben cómo recuperarlo. Es como ver a un tipo que se creía el dueño de la joda y de golpe se da cuenta de que ya nadie le presta el parlante. Los algoritmos no responden, las interacciones caen, las menciones se evaporan.

Y mientras tanto, afuera, los pibes que les creyeron empiezan a mostrar el hartazgo. Ese hartazgo particular del que se siente traicionado: “Nos prometiste un país distinto y no cumpliste un carajo”. La decepción de los jóvenes no es un detalle menor. Es el principio del fin de cualquier relato que se venda como revolución.

El choque que se viene

Porque acá está el punto: el gobierno ya empieza a ver la pared con la que se va a chocar el año que viene. No es una metáfora poética. Es una pared de ladrillos bien puestos.

La crisis económica sigue ahí, las promesas se acumulan como facturas impagas y la comunicación, que era su único superpoder, ahora es su talón de Aquiles. Cuando se te termina el show, lo único que queda es la realidad. Y la realidad, en este país, suele ser bastante más dura que un tuit de cuatro líneas.

Se les está acabando el combustible del enojo. El “todos son kukas” ya no prende como antes. El “yo soy diferente” se les diluye con cada día que pasa sin resultados. Y los pibes, que son los que más rápido huelen la mentira, están empezando a mirar para otro lado. Algunos con bronca, otros con resignación, muchos con esa cara de “otra vez me la pusieron”.

Caputo en retirada, las redes en modo apagado, el Presidente gritando solo y una legión de jóvenes que se sienten estafados. Si esto no es el principio del final del show, que baje Dios y lo diga. Porque la pared ya se ve. Grande, gris, inamovible. Y el año que viene, si siguen en esta, el choque va a ser de esos que se escuchan de lejos.

El león sigue rugiendo, claro. Pero cada vez suena más a gato mojado. Y en este país, cuando el gato se moja, la gente deja de mirar el circo y empieza a contar los platos rotos. Se les viene la noche. Y la noche, en Argentina, siempre llega más rápido de lo que uno cree.

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