Ni el pan se salva: el consumo se desplomó hasta un 60% y miles de panaderías bajan la persiana
El pan, símbolo de la mesa de los argentinos, también quedó atrapado por la crisis económica. La caída del consumo ya obliga a miles de familias a comprar menos, mientras las panaderías enfrentan cierres, despidos y un escenario que muchos califican como el peor de las últimas décadas.
POLITICA NACIONAL
Camila Dominguez
7/14/20263 min read


Durante años, comprar pan fue una costumbre inalterable para millones de argentinos. Era parte de la rutina diaria: pasar por la panadería antes de volver a casa, llevar facturas para compartir el fin de semana o elegir una torta para celebrar un cumpleaños. Hoy, esa postal parece desdibujarse frente a una realidad económica cada vez más difícil.
El sector panadero atraviesa uno de sus momentos más críticos. Según referentes de la actividad, el consumo de pan cayó entre un 50% y un 60%, mientras que las ventas de facturas, masas y productos de pastelería se desplomaron cerca de un 80%. Son cifras que reflejan un fuerte cambio en los hábitos de compra de los argentinos.
La pérdida del poder adquisitivo obligó a muchas familias a reorganizar completamente sus gastos. Lo que antes era una compra habitual, ahora se convirtió en un lujo para muchos hogares. En numerosas panaderías ya no se vende un kilo de pan como ocurría años atrás. Los clientes compran apenas unas pocas piezas, lo justo para una comida, intentando estirar al máximo el dinero disponible.
Los comerciantes aseguran que el cambio es evidente. Las ventas disminuyeron de forma constante y cada día resulta más difícil sostener los costos de funcionamiento. A pesar de los esfuerzos por mantener precios competitivos, los aumentos en la harina, la energía, el gas, los alquileres y los salarios generan una presión que muchos negocios ya no pueden soportar.
Como consecuencia, miles de panaderías debieron cerrar sus puertas en distintos puntos del país. Cada persiana que baja representa no solo el fin de un comercio tradicional, sino también la pérdida de puestos de trabajo y el impacto sobre familias que dependían de esa actividad para vivir.
Las panaderías que continúan abiertas tampoco escapan al problema. Muchas trabajan por debajo de su capacidad, elaborando menos cantidad de productos para evitar pérdidas. En algunos casos, los hornos permanecen apagados durante varias horas del día para reducir el consumo de energía y contener los costos.
Otro dato que preocupa especialmente al sector es el cambio en el comportamiento de los jubilados. Durante décadas fueron clientes habituales de las panaderías, pero hoy muchos dejaron de comprar pan con la frecuencia de antes porque deben destinar gran parte de sus ingresos al pago de medicamentos, servicios y alimentos esenciales.
La situación también golpea a la pastelería. Las facturas, las tortas y los productos considerados "no esenciales" fueron los primeros en desaparecer de la lista de compras de muchas familias. Ante la necesidad de priorizar gastos, esos alimentos quedaron relegados y solo aparecen en ocasiones especiales, cuando el presupuesto lo permite.
Los panaderos aseguran que comenzaron a observar escenas que antes eran poco frecuentes. Personas que consultan por promociones de último momento, clientes que reducen al mínimo sus compras o vecinos que esperan el cierre del local para preguntar si quedó mercadería que no se vendió durante la jornada.
Para quienes trabajan en el rubro, el problema ya no pasa solamente por la rentabilidad. La preocupación principal es la continuidad de la actividad. Muchos comercios familiares, con décadas de historia, enfrentan la posibilidad de cerrar definitivamente si el consumo no logra recuperarse en los próximos meses.
Economistas sostienen que cuando incluso un alimento tan básico como el pan registra una caída tan pronunciada, el fenómeno refleja un deterioro profundo del consumo interno. No se trata únicamente de un cambio de hábitos, sino de una consecuencia directa de la pérdida del poder de compra de los salarios y las jubilaciones.
Mientras tanto, el sector espera señales de recuperación que permitan revertir la tendencia. Sin embargo, por ahora el panorama continúa siendo incierto y la preocupación crece entre los pequeños comerciantes que todos los días levantan la persiana sin saber cuánto lograrán vender.
Porque cuando hasta el pan, uno de los alimentos más tradicionales y presentes en la mesa de los argentinos, deja de venderse como antes, la crisis deja de ser una estadística para convertirse en una realidad que se siente en cada barrio del país.
