Nueva convocatoria de una marcha de Ni Una Menos: once años después, la consigna sigue siendo una urgencia
A once años de la histórica primera movilización, el femicidio de Agostina Vega volvió a conmocionar al país y reactivó una consigna que sigue más vigente que nunca. Este 3 de junio, miles de personas volverán a las calles para reclamar justicia, memoria y el derecho a vivir sin miedo en una sociedad donde la violencia contra las mujeres continúa siendo una dolorosa realidad.
POLITICA NACIONAL
Por Camila Domínguez
6/2/20264 min read


Hay noticias que golpean más fuerte porque no deberían existir. Porque son la confirmación de que algo sigue fallando profundamente como sociedad. El femicidio de Agostina Vega, la adolescente de apenas 14 años encontrada asesinada en Córdoba tras días de intensa búsqueda, es una de esas noticias que paralizan, que duelen y que obligan a mirar de frente una realidad que algunos prefieren minimizar.
Durante una semana entera, miles de argentinos siguieron el caso con angustia y esperanza. Cada operativo, cada allanamiento, cada información nueva alimentaba el deseo colectivo de que apareciera sana y salva. Nadie quería imaginar el peor desenlace. Sin embargo, la noticia finalmente llegó y dejó una sensación tan conocida como insoportable: otra familia destruida, otra vida arrebatada demasiado pronto y otra sociedad que vuelve a preguntarse cómo llegamos hasta acá.
Por eso resulta imposible hablar del caso de Agostina como un hecho aislado. Porque detrás de esta tragedia aparecen las mismas preguntas que hace once años impulsaron una de las movilizaciones sociales más importantes de la historia argentina. Y porque, lamentablemente, seguimos encontrando demasiadas respuestas que nos devuelven al mismo lugar.
Este 3 de junio se cumplen once años de aquella primera marcha de Ni Una Menos que nació en 2015 tras una serie de femicidios que conmocionaron al país, especialmente el de Chiara Páez, otra adolescente de apenas 14 años. Once años después, la coincidencia resulta estremecedora. Dos chicas de la misma edad. Dos historias que conmocionan al país. Dos familias atravesadas por un dolor imposible de explicar.
Y entonces surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cómo puede ser que once años después sigamos marchando por muchas de las mismas razones?
La respuesta no es sencilla. Hubo avances importantes. Cambió la forma de hablar sobre las violencias de género. Se construyeron herramientas institucionales. Se generó conciencia social. Se rompieron silencios históricos. Millones de mujeres encontraron espacios para denunciar, organizarse y reclamar derechos.
Pero también es cierto que las deudas siguen siendo enormes. Porque "Vivas Nos Queremos" no es una consigna del pasado: sigue siendo una necesidad urgente del presente.
Porque no debería ser normal vivir en una sociedad donde las mujeres siguen desapareciendo, siendo asesinadas o sufriendo distintos tipos de violencia por el solo hecho de ser mujeres.
Porque cuando una adolescente de 14 años aparece asesinada, toda la sociedad debería sentirse interpelada. Porque la violencia contra las mujeres no puede convertirse en una noticia más. Porque detrás de cada nombre hay una vida truncada, una familia destruida y una comunidad golpeada.
El caso de Agostina vuelve a recordarnos por qué miles de personas salieron a las calles en 2015. Y también nos obliga a reflexionar sobre el contexto actual.
Este nuevo aniversario de Ni Una Menos encuentra a la Argentina atravesada por una creciente preocupación social frente a los discursos de odio, la violencia simbólica, la naturalización de agresiones contra las mujeres y el debilitamiento de políticas públicas que durante años buscaron prevenir y abordar estas problemáticas.
No se trata de convertir el debate en una discusión partidaria. Se trata de reconocer que cuando las herramientas de prevención pierden fuerza, cuando se relativizan las violencias o cuando se intenta instalar que estos problemas ya fueron resueltos, las consecuencias pueden ser graves.
Por eso preocupa que en algunos sectores se intente negar la dimensión estructural de la violencia de género. Porque los hechos siguen ocurriendo. Porque las estadísticas siguen mostrando una realidad alarmante. Porque las familias siguen llorando pérdidas irreparables.
Y porque Agostina debería estar viva.
Hay marchas que celebran conquistas. Esta vuelve a estar atravesada por el dolor. Once años después, la bronca sigue encontrando motivos para salir a la calle. No se marcha por costumbre. Se marcha porque todavía hay vidas que siguen corriendo peligro.
No se marcha por una cuestión ideológica. Se marcha porque existe una realidad que no puede seguir siendo ignorada. El nombre de Agostina ya forma parte de una lista que jamás debería seguir creciendo.
Y eso es precisamente lo que vuelve tan importante la movilización de este nuevo aniversario de Ni Una Menos. Porque la memoria colectiva sigue siendo una herramienta fundamental para impedir que estas historias sean olvidadas. Porque cada marcha es también una forma de acompañar a quienes ya no tienen respuestas. Porque cada persona que se moviliza está diciendo que no acepta la violencia como algo natural. Porque cada voz que se suma ayuda a construir una sociedad más consciente y más comprometida.
Ni Una Menos nunca fue solamente una consigna. Fue una forma de transformar el dolor en organización. La tristeza en lucha. La impotencia en reclamo colectivo.
Y sigue siéndolo. Hoy, mientras la familia de Agostina atraviesa el momento más doloroso imaginable, miles de personas vuelven a prepararse para marchar. No porque crean que una movilización resolverá todos los problemas. Sino porque saben que el silencio nunca solucionó nada.
Porque acostumbrarse sería todavía peor. Porque cada femicidio representa un fracaso colectivo.
Y porque ninguna sociedad puede mirar hacia otro lado cuando una adolescente de 14 años pierde la vida en circunstancias que jamás deberían haber ocurrido.
A once años de aquella primera movilización histórica, Argentina vuelve a marchar con la misma convicción y con la misma tristeza. Porque el femicidio de Agostina Vega nos recuerda que la lucha sigue siendo necesaria. Porque ninguna sociedad puede considerarse justa mientras las mujeres sigan viviendo con miedo. Y porque, once años después, la consigna sigue resonando con la misma fuerza que aquella tarde de 2015: Vivas nos queremos.
