Otra interna más: Bullrich le pidió la renuncia a Milei y crece el caos puertas adentro del Gobierno
Patricia Bullrich volvió a desafiar a Javier Milei al poner a disposición su renuncia tras desobedecer una decisión clave del Gobierno. Aunque el Presidente la rechazó, el episodio profundizó las tensiones internas y dejó al descubierto una nueva crisis dentro de La Libertad Avanza, que acumula cada vez más disputas de poder, pases de factura y enfrentamientos públicos.
POLITICA NACIONAL
Por Julián Pereyra
6/3/20264 min read


Hay comparaciones que empiezan como un chiste y terminan pareciendo una descripción bastante precisa de la realidad. Por ejemplo esta: el Gobierno de Javier Milei ya acumula más internas que Boca.
Lo que comenzó como una fuerza política que prometía dinamitar a la "casta", terminar con las peleas de la política tradicional y avanzar bajo una conducción firme y vertical, hoy parece haberse transformado en una especie de reality show donde cada semana aparece un nuevo conflicto, una nueva filtración, una nueva operación y un nuevo pase de factura entre sus propios integrantes.
La última explosión tuvo como protagonista a Patricia Bullrich, quien puso a disposición de Javier Milei su renuncia como jefa del bloque libertario después de anticipar que no acompañará la decisión oficial de bloquear el pliego de la jueza María Verónica Michelli.
Milei rechazó la renuncia. Formalmente, la crisis quedó contenida. Políticamente, ocurrió exactamente lo contrario.
Porque más allá del desenlace, el episodio volvió a dejar expuesta una realidad que ya resulta imposible de ocultar: las tensiones dentro de La Libertad Avanza crecen a un ritmo mucho más acelerado que cualquier intento de mostrar unidad.
Y no se trata de un hecho aislado. La semana pasada, Bullrich ya había protagonizado otro foco de conflicto al cuestionar a Manuel Adorni y exigir cambios dentro del esquema de comunicación oficial. A eso se sumaron las acusaciones por filtraciones de reuniones reservadas del Gobierno, algo que incrementó el malestar dentro de la Casa Rosada.
La consecuencia fue inmediata: más desconfianza, más sospechas y más internas. En La Libertad Avanza ya no se sabe qué crece más rápido: la inflación de las internas o la cantidad de enemigos propios.
Cada semana aparece un nuevo capítulo de la novela libertaria. Y la motosierra, por ahora, parece funcionar bastante mejor hacia afuera que hacia adentro.
El escándalo Michelli y la improvisación permanente
El conflicto alrededor del pliego de la jueza María Verónica Michelli terminó convirtiéndose en una radiografía perfecta de los problemas de coordinación que atraviesa el oficialismo.
Muchos legisladores oficialistas y aliados no entienden cómo el Gobierno permitió que el pliego avanzara durante meses para después intentar frenarlo cuando ya estaba prácticamente listo para ser tratado en el Senado.
La pregunta comenzó a circular en despachos, pasillos y conversaciones reservadas: "¿Por qué no lo frenaron antes de que llegara al Senado?" La queja no es menor.
Porque detrás de esa pregunta aparece otra aún más incómoda: ¿quién controla realmente las decisiones políticas dentro del Gobierno?
Las críticas apuntan principalmente hacia Martín Menem y Eduardo "Lule" Menem, señalados por distintos sectores como responsables de una gestión política cada vez más cuestionada.
El episodio dejó una sensación difícil de disimular: improvisación, falta de coordinación y ausencia de conducción política. Un problema particularmente delicado para un gobierno que hizo de la idea del orden una de sus principales banderas.
Todos contra todos
Lo más llamativo es que la disputa ya no parece reducirse a un desacuerdo puntual.
Cada sector del oficialismo parece jugar su propio partido. Por un lado aparece el entorno de Karina Milei. Por otro, los Menem. Más allá, el sector cercano a Santiago Caputo. También Bullrich y su propio armado político.
Y en paralelo, los aliados provenientes del PRO que observan cada movimiento con creciente preocupación. Mientras Milei pelea contra la casta, la casta interna libertaria se multiplica.
Las diferencias ya no se discuten en privado: se ventilan delante de todos. Y eso genera una pregunta incómoda.
Si esto ocurre cuando todavía falta mucho para las próximas elecciones, cuesta imaginar qué puede pasar cuando el desgaste político aumente y las tensiones se profundicen.
Porque el problema ya no parece ser únicamente la oposición. El problema parece estar dentro de la propia casa.
Bullrich y su radar para detectar turbulencias
Y en medio de este escenario vuelve a aparecer Patricia Bullrich.
Una dirigente con una larguísima trayectoria política y una característica que tanto admiradores como detractores suelen reconocerle: una extraordinaria capacidad para detectar cuándo los vientos empiezan a cambiar.
Cuando aparece olor a crisis, Bullrich suele tener un radar especialmente sensible. La dirigente que pasó por múltiples espacios políticos vuelve a quedar en el centro de una interna.
Y aunque nadie puede afirmar qué ocurrirá en los próximos meses, dentro del oficialismo algunos observan cada uno de sus movimientos con creciente atención.
Porque si hay algo que Patricia Bullrich ha demostrado a lo largo de su carrera es una notable habilidad para reinventarse políticamente y adaptarse a escenarios cambiantes. Cada vez que un proyecto político entra en zona de turbulencia, su nombre vuelve a aparecer en las especulaciones.
Por eso, dentro de La Libertad Avanza algunos se preguntan si esta nueva toma de distancia responde simplemente a un desacuerdo puntual o si representa algo más profundo.
Nadie tiene esa respuesta. Pero la pregunta ya está instalada.
Una imagen cada vez más difícil de sostener
Mientras Javier Milei intenta convencer al país de que tiene todo bajo control, las grietas dentro de La Libertad Avanza se vuelven cada vez más visibles.
Entre renuncias ofrecidas, desobediencias públicas, pases de factura, disputas de poder, filtraciones y operaciones cruzadas, el oficialismo parece enfrascado en una pelea permanente consigo mismo.
Y lo más llamativo es que muchas de esas disputas ya ni siquiera intentan ocultarse. La política argentina siempre tuvo internas. No es ninguna novedad.
Lo novedoso es la velocidad con la que se acumulan dentro de un gobierno que llegó prometiendo terminar con las viejas prácticas de la política. Por ahora, la sensación es que la novela libertaria sigue sumando capítulos.
Y mientras tanto, Patricia Bullrich vuelve a ocupar el rol que mejor conoce: el de una dirigente que siempre encuentra la forma de quedar bien posicionada cuando el tablero político empieza a moverse.
