“Se nos cagan de risa”: diputado libertario apareció en el Congreso con una Tesla Cybertruck

Mientras millones de argentinos sufren el ajuste, la inflación y los tarifazos, el diputado libertario Manuel Quintar apareció en el Congreso manejando una Tesla Cybertruck importada y ploteada con símbolos de La Libertad Avanza. La imagen desató indignación y volvió a exponer las contradicciones de un oficialismo que habla de sacrificio y austeridad mientras algunos de sus dirigentes exhiben lujos millonarios como si fueran trofeos.

POLITICA NACIONAL

Por Julián Pereyra

5/14/20264 min read

La escena parece sacada de una mala película futurista sobre políticos desconectados de la realidad. Un diputado nacional llegando al Congreso en una Tesla Cybertruck importada, brillante, gigantesca, imposible de ignorar, ploteada con símbolos de La Libertad Avanza y exhibida como si fuera un trofeo de guerra. Pero no ocurrió en Silicon Valley ni en Dubai. Pasó en la Argentina real. En el país donde millones de personas hacen malabares para pagar la luz, el alquiler y llenar la heladera.

El protagonista de esta postal obscena es Manuel Quintar, diputado nacional de La Libertad Avanza por Jujuy, ex peronista reciclado al mileísmo y empresario de la salud privada. Un hombre que decidió estacionar una camioneta valuada en cifras que para la mayoría de los argentinos son directamente de ciencia ficción frente al Congreso Nacional, mientras el propio gobierno al que representa le exige “sacrificios” permanentes a la sociedad.

No fue un descuido. No fue una casualidad. Fue una puesta en escena. Y ahí está el verdadero problema.

Porque no se trata solamente de un vehículo de lujo. Se trata del mensaje político que transmite. De la provocación deliberada. De la sensación de que ciertos dirigentes ya ni siquiera intentan disimular el desprecio que sienten por la realidad cotidiana de la gente común.

La Tesla Cybertruck no es un auto más. Es literalmente uno de los símbolos más extravagantes del nuevo lujo tecnológico global. Una camioneta que ronda cifras millonarias, importada en un país donde importar casi cualquier cosa se volvió imposible para la clase media y directamente inalcanzable para los trabajadores. Mientras miles de pymes cierran, mientras los jubilados eligen entre medicamentos o comida, mientras estudiantes dejan la universidad porque no pueden pagar el colectivo, un diputado libertario aparece paseándose en una nave espacial con ruedas.

Y encima lo muestra orgulloso en redes sociales. Como si fuera gracioso. Como si fuera admirable. Como si no entendiera —o peor aún, como si entendiera perfectamente— el efecto que eso genera en una sociedad detonada económicamente.

Porque mientras Quintar se saca fotos con una camioneta de lujo futurista, hay familias enteras contando monedas para comprar carne una vez por semana. Mientras el diputado juega a Elon Musk del subdesarrollo, hay trabajadores que cobran salarios miserables pulverizados por la inflación y los tarifazos. Mientras el mileísmo habla de “libertad”, millones de argentinos viven cada vez más atrapados por la angustia económica.

Y ahí aparece la ironía más brutal de todas.

La Libertad Avanza llegó al poder hablando contra “la casta”. Juraban que venían a terminar con los privilegios políticos, con la ostentación obscena, con los funcionarios desconectados de la realidad. Prometían austeridad. Prometían motosierra para los privilegios. Pero cada semana aparecen nuevas escenas que parecen exactamente lo contrario: funcionarios, diputados y dirigentes viviendo en una dimensión paralela mientras el resto del país se hunde.

Porque esto no es mérito. Esto no es esfuerzo. Esto no es “libertad”. Esto es ostentación obscena en medio del desastre social.

Y lo peor es el tono de burla permanente. Esa actitud de “mírenme, puedo hacerlo”. Esa estética de millonario libertario importada directamente de las redes sociales norteamericanas, donde algunos creen que mostrar riqueza extrema es una virtud moral. Como si tener plata automáticamente te volviera superior al resto.

El problema es que esto no ocurre en un vacío. Ocurre en un país donde el propio Gobierno repite todos los días que “no hay plata”.

No hay plata para las universidades. No hay plata para los jubilados. No hay plata para medicamentos oncológicos. No hay plata para obra pública. No hay plata para salarios dignos. Pero parece que sí hay plata para Cybertrucks importadas, marketing político y funcionarios que juegan a influencers de lujo mientras el país arde.

Y Manuel Quintar no es precisamente un outsider que apareció de la nada. Su historia política también retrata bastante bien el oportunismo que domina buena parte de la dirigencia argentina. Pasó del peronismo al mileísmo con una velocidad sorprendente, adaptándose perfectamente al nuevo clima político. Porque al final, muchos de estos personajes no tienen ideología: tienen olfato para el poder.

Hoy se visten de libertarios porque es lo que cotiza. Ayer levantaban otras banderas. Y mañana levantarán las que hagan falta. Mientras tanto, la gente común sigue pagando la fiesta.

Porque el verdadero escándalo no es solamente la camioneta. El verdadero escándalo es el mensaje cultural y político que representa. La naturalización de una dirigencia que ya perdió cualquier conexión emocional con el sufrimiento social. La idea de que mostrar lujo extremo en medio de un ajuste salvaje no solo está bien, sino que además debe celebrarse.

Como si la empatía fuera un defecto. Como si la sensibilidad social fuera cosa de débiles. Como si reírse del sufrimiento ajeno fuera parte del “nuevo orden”.

Y después se preguntan por qué crece la bronca.

Porque la imagen de Quintar llegando al Congreso en esa Tesla es exactamente eso: una cachetada simbólica a millones de argentinos que hacen esfuerzos sobrehumanos para sobrevivir. Es el equivalente político a brindar con champagne en medio de un incendio.

No es casual que mucha gente haya sentido que se les estaban cagando de risa en la cara. Porque eso fue exactamente lo que transmitió la escena.

Mientras el Gobierno pide paciencia infinita y promete que el sacrificio “ya va a dar resultados”, algunos dirigentes parecen disfrutar obscenamente del poder y los privilegios que obtuvieron. Y encima lo exhiben como si fuera una medalla.

La famosa “casta” terminó mutando en algo todavía más cínico: una nueva élite política que mezcla discurso antisistema con ostentación de millonario de Instagram. La nueva casta libertaria: Con camionetas futuristas, marketing agresivo y cero conexión con la realidad social.

Y lo más peligroso es que este tipo de imágenes erosionan algo mucho más profundo que la imagen de un diputado. Erosionan la credibilidad misma del discurso oficial. Porque cuando el ajuste siempre cae sobre los mismos —trabajadores, jubilados, estudiantes, pequeños comerciantes— mientras arriba se multiplican los privilegios y las demostraciones de poder económico, la palabra “sacrificio” empieza a sonar directamente ofensiva.

La Argentina está atravesando una crisis brutal. Hay hambre, desesperación, endeudamiento, ansiedad social y un agotamiento colectivo cada vez más visible. En ese contexto, aparecer en el Congreso manejando una Tesla Cybertruck no es un gesto de modernidad ni de éxito personal.

Es una provocación política. Una demostración obscena de desconexión.

Y, sobre todo, una muestra brutal de cómo algunos dirigentes ya ni siquiera sienten la necesidad de disimular el desprecio que tienen por la realidad de la mayoría.