Sesión en Diputados: blindaje a Adorni y una escena que dejó expuesta la decadencia política

Mientras millones de argentinos atraviesan ajuste y caída del poder adquisitivo, el Congreso volvió a blindar políticamente a Manuel Adorni. La Libertad Avanza, el PRO, sectores de la UCR y aliados frenaron los pedidos de interpelación al jefe de Gabinete en una sesión marcada por acuerdos, favores políticos, aprobación del Super RIGI y pagos millonarios a fondos buitres. Una jornada que dejó expuesta la peor cara de la política argentina.

POLITICA NACIONAL

Por Camila Domínguez

6/25/20265 min read

Ganó el amiguismo político. Otra vez.

En una jornada que dejó escenas difíciles de disimular incluso para quienes todavía intentan sostener el relato oficial de “la nueva política”, La Libertad Avanza, el PRO, sectores de la UCR y varios bloques aliados volvieron a blindar políticamente a Manuel Adorni y evitaron que avance su interpelación en la Cámara de Diputados. Y lo hicieron mientras el jefe de Gabinete enfrenta investigaciones patrimoniales, denuncias, cuestionamientos judiciales y un escándalo político que no deja de crecer semana tras semana.

La transparencia terminó perdiendo frente a los acuerdos de supervivencia política. El Congreso volvió a convertirse en un escudo para proteger al poder.

Porque detrás de los discursos sobre República, institucionalidad y lucha contra la casta, lo que quedó expuesto fue algo mucho más viejo, mucho más conocido y mucho más parecido a aquello que este Gobierno juró venir a destruir: favores cruzados, blindajes parlamentarios y dirigentes entrando a último momento para salvar a un funcionario cada vez más complicado.

La imagen fue demasiado evidente.

Mientras millones de argentinos miran cómo se pulverizan salarios, jubilaciones y consumo, gran parte de la dirigencia política decidió cerrar filas para impedir que Manuel Adorni tenga que sentarse públicamente a responder preguntas sobre su patrimonio, sus gastos, las contradicciones en sus declaraciones y el escándalo que ya salpica a buena parte de su entorno familiar.

Y sí: el blindaje quedó completamente expuesto.

Diputados salvó a Adorni

Al inicio de la sesión se trataron dos pedidos de interpelación contra el jefe de Gabinete. Uno había sido impulsado por Myriam Bregman.El otro fue presentado por Maximiliano Ferraro. Ambos buscaban algo bastante simple en cualquier democracia seria: que un funcionario profundamente cuestionado diera explicaciones públicas frente al Congreso.

Nada más. Pero incluso eso pareció demasiado para el oficialismo y sus aliados. La Libertad Avanza, el PRO, sectores de la UCR y distintos bloques provinciales se encargaron de bloquear ambos intentos y garantizar que Adorni siga protegido políticamente mientras las investigaciones continúan avanzando.

Y fue Myriam Bregman quien probablemente resumió mejor que nadie la escena grotesca que se vio en Diputados. “Ayer no había ninguno, hoy llegaron con cara de distraídos, haciéndose los distraídos, hablando por teléfono.”

La frase describió perfectamente la postal del Congreso: diputados apareciendo a último momento para salvar políticamente al oficialismo mientras intentaban actuar como si nada estuviera pasando.

Los mismos que hablan de República terminaron funcionando como una muralla de protección política. Muchos diputados llegaron para garantizar impunidad política antes que transparencia. Y el blindaje parlamentario quedó expuesto delante de todo el país.

La nueva casta también se protege

Lo más llamativo de todo esto es la contradicción brutal entre el discurso libertario y la realidad política que hoy muestra el Congreso. Porque Javier Milei llegó prometiendo destruir a la casta. Prometió terminar con los privilegios. Prometió una política distinta. Prometió transparencia absoluta.

Sin embargo, cuando uno de los funcionarios más importantes del Gobierno empezó a quedar envuelto en investigaciones patrimoniales, sospechas económicas y escándalos familiares, la respuesta no fue transparencia.

Fue blindaje. Fue protección. Fue supervivencia política. Y ahí aparecieron todos juntos. LLA. El PRO. La UCR. Los aliados provinciales. Todos funcionando coordinadamente para evitar que Adorni tenga que enfrentar públicamente preguntas incómodas.

La gente ve cómo se protegen entre ellos mientras el país se hunde en el ajuste. Y ahí aparece el verdadero problema político. Porque el problema ya no es solamente Adorni. El problema es un sistema político que vuelve a blindarse a sí mismo mientras habla de cambio.

Cada nueva sesión deja más claro que la casta política no desapareció: simplemente cambió de discurso.

Un día perfecto para los de arriba

La sesión no solamente sirvió para salvar a Adorni. También fue utilizada para avanzar con dos decisiones profundamente polémicas: la aprobación del denominado Super RIGI y la autorización para pagar 171 millones de dólares a fondos buitres. Todo en la misma jornada. Todo junto. Todo perfectamente alineado.

Mientras ajustan a la sociedad, aprueban negocios multimillonarios y blindan funcionarios. El Congreso fue escenario de una sesión hecha a medida del poder.

Entre fondos buitres, privilegios empresariales y protección política, el oficialismo logró cerrar un día perfecto para los de arriba. Y esa combinación política dejó una imagen demoledora.

Porque mientras se repite constantemente que “no hay plata” para jubilados, universidades, hospitales o salarios, sí aparecen millones cuando se trata de acreedores externos o beneficios para grandes grupos económicos.

El Super RIGI y los negocios gigantes

Uno de los puntos más cuestionados de la sesión fue la aprobación del llamado Super RIGI. Desde distintos sectores políticos y económicos se denunció que se trata de un esquema diseñado para beneficiar enormes capitales privados con ventajas fiscales, regulatorias y económicas extraordinarias.

Una ley hecha para atraer negocios gigantes mientras la industria nacional sigue golpeada. Beneficios extraordinarios para grupos concentrados. Entrega de ventajas fiscales y regulatorias. Y todo presentado bajo el clásico discurso de “atraer inversiones”.

El problema es que detrás de ese argumento vuelve a aparecer una lógica que Argentina conoce demasiado bien: flexibilización para los grandes jugadores mientras el ajuste cae sobre la sociedad común.

Porque el sacrificio parece ser siempre para los mismos.

Fondos buitres: para ellos sí hay plata

La otra gran polémica fue la autorización para pagar 171 millones de dólares a fondos buitres.

Y ahí el contraste se volvió todavía más brutal. Porque mientras el Gobierno justifica recortes permanentes diciendo que el Estado está quebrado, aparecen millones inmediatamente cuando hay que pagarle a acreedores externos. Para la educación dicen que no hay plata. Para los fondos buitres siempre aparecen millones.

El ajuste es para la sociedad; los dólares siguen fluyendo para los grandes intereses financieros. El relato de la austeridad se derrumba cuando aparecen negocios y pagos multimillonarios. Y eso alimenta todavía más el enojo social. Porque la sensación que empieza a instalarse es que el ajuste tiene destinatarios muy claros.

Un Congreso cada vez más desconectado de la sociedad

La bronca social crece porque gran parte de la ciudadanía siente que el Congreso funciona muchas veces más como una estructura de protección del poder que como un verdadero espacio de control institucional.

Lo ocurrido con Adorni profundizó todavía más esa sensación. Porque mientras el oficialismo intenta vender transparencia, lo que terminó mostrando fue miedo político. Miedo a que un funcionario explique. Miedo a abrir preguntas. Miedo a que las contradicciones sigan creciendo públicamente. Y cuanto más intentan blindarlo, más sospechas aparecen.

Porque si las explicaciones fueran realmente sólidas, probablemente no haría falta semejante operativo político para evitar una interpelación.

El blindaje que deja heridas políticas

El problema para el Gobierno es que estas maniobras pueden funcionar parlamentariamente, pero generan costos políticos cada vez más difíciles de controlar. La imagen que quedó no fue la de un oficialismo fuerte. Fue la de un oficialismo preocupado. Protegiendo. Negociando. Ordenando aliados.

Juntando votos desesperadamente para evitar que uno de sus funcionarios más importantes quede todavía más expuesto. Y eso erosiona directamente el relato libertario. Porque el discurso anticasta pierde fuerza cuando el Congreso se convierte en un refugio de protección política.

Una escena imposible de disimular

La sesión dejó una imagen imposible de ocultar. Mientras el Gobierno habla de terminar con la casta y limpiar la política, el Congreso volvió a mostrar las viejas prácticas de siempre: favores cruzados, blindajes políticos y protección entre aliados. Adorni evitó la interpelación. El Super RIGI avanzó. Los fondos buitres se llevaron otro cheque millonario.

Y los sectores que prometían ser distintos terminaron actuando exactamente igual que aquello que juraban combatir. Porque cuando la política se organiza para proteger al poder antes que para exigir explicaciones, el problema ya no es solamente un funcionario cuestionado.

El problema es todo el sistema.

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