Sin relato que alcance: el desempleo crece en gran parte del país

Mientras desde el Gobierno se insiste con la idea de que la crisis afecta principalmente al AMBA, un informe de la UNSAM muestra una realidad muy distinta: la pérdida de empleo formal avanza en gran parte del país. El NEA y el NOA aparecen entre las regiones más golpeadas, derribando el relato de las supuestas "dos Argentinas" y exponiendo una crisis laboral que ya tiene alcance nacional.

POLITICA NACIONAL

Por Julián Pereyra

6/9/20265 min read

Durante meses se intentó instalar una idea que, repetida una y otra vez, buscó convertirse en verdad: que el impacto del ajuste económico impulsado por el gobierno de Javier Milei se concentraba principalmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires, mientras gran parte del interior del país lograba mantenerse relativamente a salvo gracias a sectores productivos dinámicos y economías regionales más resistentes.

Era una explicación cómoda. También funcional. Pero los datos muestran otra cosa. Y cuando los números contradicen los relatos, son los relatos los que deberían revisarse.

El último Monitor Sociolaboral elaborado por el Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo (CETYD) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) derriba de manera contundente el mito de las "dos Argentinas". Lejos de existir un país dividido entre un AMBA castigado y un interior próspero, el informe revela una realidad mucho más preocupante: la pérdida de empleo formal privado se extiende por gran parte del territorio nacional y golpea especialmente a regiones históricamente vulnerables.

La realidad económica no reconoce relatos políticos.

Entre septiembre de 2023 y septiembre de 2025, 318 de los 498 departamentos que integran la Argentina perdieron puestos de trabajo privado registrado. La caída no aparece concentrada en un único lugar. No distingue entre grandes centros urbanos y ciudades medianas. No se limita a Buenos Aires. Tampoco respeta fronteras provinciales.

El desempleo no se concentra en un solo lugar: avanza sobre gran parte del país. Las estadísticas muestran una realidad mucho más incómoda que el discurso oficial.

El Norte argentino, entre los más golpeados

Si hay una región donde el impacto del ajuste se siente con especial crudeza, esa es el Norte argentino. Los datos procesados por el CETYD muestran que el Nordeste Argentino (NEA) sufrió una caída del 7,1% en el empleo formal privado, lo que representa más de 21.000 puestos de trabajo perdidos.

La situación tampoco es alentadora en el Noroeste Argentino (NOA), donde la contracción alcanzó el 3,4%, con más de 16.000 empleos destruidos. No se trata de números menores.

Detrás de cada puesto perdido hay familias que ven reducirse sus ingresos, comercios que venden menos, pequeñas empresas que dejan de invertir y comunidades enteras que pierden dinamismo económico.

Las razones son múltiples, pero el informe señala algunas con claridad:

  • La paralización de la obra pública.

  • La caída de la actividad económica.

  • La menor circulación de recursos.

  • La dependencia de economías regionales menos diversificadas.

Cuando se frena la inversión pública en provincias donde muchas actividades dependen directa o indirectamente de ella, el impacto suele multiplicarse rápidamente.

Los casos de Formosa y el Gran Resistencia son especialmente ilustrativos. Formosa registró una caída del 12,1% en el empleo privado formal. Gran Resistencia sufrió una contracción del 11,9%. Son cifras extremadamente severas que difícilmente encajen con la imagen optimista que algunos sectores intentan proyectar sobre la situación económica del interior del país.

Las economías regionales tampoco se salvaron

Otro de los argumentos que queda seriamente cuestionado por el informe es la idea de que el empleo estaría migrando hacia ciudades medianas o pequeñas.

Los números muestran exactamente lo contrario. Mientras las grandes ciudades registraron una caída promedio del 1,8% en el empleo formal privado, las ciudades medianas retrocedieron un 3,2%.

La peor situación aparece en las localidades pequeñas y departamentos rurales, donde la contracción alcanzó el 3,9%. Las ciudades más pequeñas fueron, proporcionalmente, las más castigadas. Es decir, el interior profundo no está atravesando ninguna primavera económica.

Por el contrario, en muchos casos enfrenta dificultades incluso mayores que las observadas en los grandes centros urbanos.

No todos los argentinos viven cerca de los principales polos industriales ni cuentan con las mismas oportunidades para reconvertirse laboralmente cuando una actividad entra en crisis.

Por eso los efectos de una recesión suelen sentirse con mayor intensidad en estas regiones.

Las excepciones no cambian la regla

El informe también muestra que hubo algunas excepciones. Neuquén y Río Negro lograron mantener resultados positivos gracias al impulso de actividades extractivas muy específicas, particularmente vinculadas al desarrollo de Vaca Muerta y determinados polos productivos regionales.

Pero justamente eso son: excepciones. Pretender utilizar esos casos aislados para describir la situación general del país sería tan equivocado como negar una inundación porque una calle quedó seca.

La inmensa mayoría de las provincias no experimentó ese fenómeno. La tendencia dominante sigue siendo la pérdida de empleo.

El dato más preocupante: la economía rebota, pero el trabajo no aparece

Quizás el aspecto más inquietante del informe sea otro. Algunos indicadores económicos comenzaron a mostrar señales de recuperación durante los últimos meses. Sin embargo, esa mejora no se traduce en creación de empleo.

El Indicador Predictivo del Empleo (IPE-CETYD) incluso anticipa nuevas caídas para los próximos meses. Estamos frente a una situación que genera enormes interrogantes. No alcanza con repetir que la economía se recupera si el empleo sigue cayendo.

Las planillas pueden mostrar rebotes, pero la realidad laboral cuenta otra historia. El crecimiento económico pierde sentido cuando no genera trabajo.

Porque una economía puede exhibir mejores números macroeconómicos, pero si miles de personas continúan perdiendo sus empleos o no logran insertarse en el mercado laboral formal, resulta difícil hablar de una recuperación que llegue efectivamente a la sociedad.

La pregunta es inevitable: ¿De qué sirve que algunos indicadores mejoren si miles de trabajadores siguen perdiendo su empleo? ¿Puede hablarse realmente de recuperación cuando el trabajo registrado continúa retrocediendo?

Una realidad que no puede ocultarse

La discusión económica siempre admite distintas interpretaciones. Lo que resulta mucho más difícil es discutir contra los datos. Y los datos del CETYD muestran una realidad contundente: la crisis laboral no distingue entre AMBA e interior.

Salvo algunas excepciones vinculadas a actividades extractivas muy específicas, el empleo formal privado retrocede en gran parte de la Argentina. Por eso el relato de las "dos Argentinas" pierde consistencia frente a la evidencia.

Porque cuando 318 departamentos pierden empleo al mismo tiempo, cuando las provincias del NEA y el NOA aparecen entre las más golpeadas y cuando las ciudades pequeñas sufren incluso más que las grandes urbes, ya no estamos frente a un problema localizado.

Estamos frente a un problema nacional.

Y cuanto más tiempo se intente explicar esa realidad a través de consignas políticas en lugar de enfrentarla con políticas concretas, más difícil será encontrar soluciones para millones de trabajadores que hoy siguen esperando algo mucho más importante que un relato: una oportunidad de empleo.

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