Tema Malvinas: el nuevo comodín de Milei para tapar la crisis económica
La causa Malvinas vuelve al centro de la escena política argentina, pero esta vez de la mano de una inesperada conversión patriótica de Javier Milei. Tras una declaración de Donald Trump, el Gobierno prepara una cadena nacional y vuelve a poner la soberanía en primer plano. El problema es que el discurso llega en medio de una fuerte crisis económica y de un pasado reciente que genera demasiadas contradicciones. ¿Convicción soberana o una nueva cortina de humo?
NACIONALINTERNACIONAL
Por Julián Pereyra
9/2/20265 min read


Hay que tener un cuero bastante grueso —o una desesperación bastante grande— para salir a venderle al país, de un día para el otro, que las Malvinas son “un tema sagrado” y que por eso hay que interrumpir la programación de todos los canales con una cadena nacional.
Porque si uno mira un poco para atrás, el mismo tipo que ahora se pone la escarapela hasta en los sueños es el que hace no tanto tiempo miraba con desdén el trapo que decía “Las Malvinas son argentinas” en las tribunas del Mundial. “Innecesario”, “genera problemas”, venía a ser más o menos el resumen de su postura. Ahora, de golpe, se volvió el gran defensor de la soberanía. Qué coincidencia, ¿no?
El detonante de esta conversión patriótica express es un comentario al aire de Donald Trump. No un tratado, no un cambio de doctrina, no un apoyo explícito. Un comentario. El presidente estadounidense, en medio de su típica negociación a los gritos, insinuó que podría revisar la postura de neutralidad de Estados Unidos sobre las islas si el Reino Unido no pone más plata en la OTAN.
Punto. Ni siquiera dijo “Malvinas”: dijo Falklands, como corresponde a alguien que nunca se va a pelear en serio con Londres. Y, por si hiciera falta recordar, el mismo Trump recibió hace poco al rey Carlos III en la Casa Blanca y se encargó de subrayar que los británicos son “los amigos más cercanos” que tiene Estados Unidos.
Pero eso, claramente, no importa. Lo que importa es que Milei vio una oportunidad y se lanzó de cabeza.
La conversión patriótica express
En la Casa Rosada el entusiasmo fue inmediato. “Ha pasado algo muy fuerte”, les dijo a los ministros. Después ordenó silencio total. Ni el vocero puede abrir la boca. Trabajan en el mensaje el Presidente, Cancillería y, para redondear la rareza, la SIDE. Sí, la Secretaría de Inteligencia del Estado. Porque aparentemente hablar de Malvinas requiere ahora el mismo nivel de secretismo que una operación encubierta.
El jueves graba el discurso después de volver de Chile y listo: cadena nacional. Como si el país estuviera esperando, con el corazón en la mano, que el Presidente le explique lo que ya todos saben: que las Malvinas son argentinas y que el reclamo sigue vigente.
La hipocresía es tan gruesa que hasta incomoda. Este es el mismo Milei que en campaña idolatraba a Margaret Thatcher, la mujer que mandó a hundir el Belgrano y que se convirtió en el símbolo británico de la guerra. El mismo que tenía (o tiene) un cuadro de la Dama de Hierro en su despacho. El mismo que, cuando la FIFA prohibió las banderas con el mapa de las islas en el partido contra Inglaterra, no solo no se plantó: su ministra de Seguridad salió a bancar la medida y a hablar del “mapita”.
Después tuvieron que salir a apagar el incendio porque la sociedad, como siempre, se puso del lado de la causa. Y ahora resulta que el reclamo es sagrado y que cualquiera que critique la cadena nacional es una “mierda humana”. El mismo hombre que relativizó el tema cuando le resultaba incómodo ahora lo usa como escudo.
El momento no puede ser más conveniente
Y acá viene lo más sospechoso de todo: el momento. La economía está en uno de sus puntos más críticos desde que asumió. La inflación no da respiro, el poder adquisitivo se licúa, el humor social se viene abajo y el apoyo en las redes —ese termómetro que Milei mira con obsesión— viene en franca caída. Después de semanas casi recluido en Olivos, de golpe aparece hiperactivo, convoca gabinete, anuncia cadena nacional y se pone la bandera al pecho.
No hace falta ser un genio de la política para ver el patrón. En 1982, Galtieri también descubrió de repente la causa Malvinas cuando la dictadura se le caía a pedazos por la crisis económica y el rechazo popular. Creyó que Reagan iba a bancarlo por ser anticomunista y se comió el chasco más grande de la historia. Hoy Milei parece creer que Trump va a bancarlo por ser “aliado estratégico”. El vínculo histórico, político y militar entre Washington y Londres es una de las constantes más sólidas de la política internacional. Ignorarlo es, como mínimo, voluntarismo peligroso. Como máximo, una tomada de pelo.
Santiago Caputo, el eterno operador, ya salió a poner la frase de campaña: “Inglaterra es el pasado. Argentina es el futuro”. Muy lindo para el manual de consignas. Pero la realidad es más prosaica: Estados Unidos está usando el tema como herramienta de presión sobre el gasto militar británico, nada más.
El vocero de Downing Street ya salió a responder que el compromiso con los isleños es “inquebrantable”. El secretario de Hacienda británico fue todavía más claro: “Son británicas y seguirán siendo británicas”. Mientras tanto, en Buenos Aires se prepara una cadena nacional como si hubiéramos ganado una batalla diplomática histórica.
Una cuestión de memoria
Lo más molesto no es ni siquiera el uso descarado del tema. Es la sensación de que nos toman el pelo. Como si los argentinos no tuviéramos memoria. Como si no recordáramos que este gobierno tuvo que salir a deshacer el desastre de la extranjerización de tierras y del papelón con la ministra Monteoliva. Como si no viéramos que el mismo Presidente que ahora habla de soberanía violenta tenía planificado un viaje a Londres para este año y que todavía nadie confirma si se canceló o no. Como si no notáramos que, una vez más, cuando la cosa se pone fea en la economía, aparece el mapa de las islas como comodín.
Mañana vamos a escuchar el discurso. Seguramente va a haber frases grandilocuentes, menciones a la resolución 2065 de la ONU, al respaldo de la OEA y a “avances enormes” que, en realidad, son los mismos que se vienen repitiendo desde hace décadas. Seguramente va a insultar a los que critiquen la cadena.
Y seguramente, cuando se apaguen las cámaras, la inflación va a seguir ahí, el salario va a seguir alcanzando cada vez menos y la crisis no se va a haber movido un centímetro.
Malvinas como cortina de humo
Usar Malvinas para tapar la miseria no es original. Ya se hizo. Ya fracasó. Y duele ver que, cuarenta y pico de años después, alguien crea que la misma receta va a funcionar.
Especialmente cuando el que la aplica es el mismo que hasta ayer miraba la causa con displicencia. El patriotismo de conveniencia es de lo más barato que hay. Y esta vez, se nota demasiado.
